miércoles, 18 de noviembre de 2009

Descuido ¡la noche es la noche!


Existe en la morfología de la vida variados tipos de proceder que esculpen el cuerpo de la existencia terrenal, a unos los ayuda a otros no, pueden ser estos procederes en cualquier etapa de la vida, su reacción puede tardar o aparecer repentinamente, de algún modo Mario logra fluir en su vida sin que estos preceptos lo molesten en su vida normal; se dice normal a la relación padres e hijos, primos, tíos, amigos y cualquier otro aspecto en el cual hay interacción de un Ser con otro en la faz de este planeta. Mario pertenece a una familia normalmente compuesta, sin problemas de divorcios, ni de miembros del hogar con problemas de adicción, o identidad sexual, o anoréxicos, o enfermos mentales, nada de eso existía para dañar la perspectiva de él en la vida. La ausencia de estos aspectos provocaba que Mario lleve una vida monótona, pues sin problemas y solo diversión, la vida no estaba en deuda con él, al contrario. Él intrínsecamente sabía que algo no andaba bien, al mismo tiempo que escondía su pesar engañando astutamente a la vida, sin embargo el tiempo no acepta perdón, ni tergiversa las fechas de caducidad y esto lo sabía, lo venía sintiendo hace mucho tiempo desde que empezara su pubertad pero hizo caso omiso a la alerta, es que con la fisiología del cuerpo no se puede jugar, no se puede desalinear la psicología con los procesos biológicos, en buen romance “ser niño y adulto a la vez” o viceversa no es buen negocio para actuar en la vida, si no pregúntenle a Mario. Al llegar del colegio a la casa después de almorzar, era el momento de sacar el CD que un compañero clandestinamente le había prestado, asegurándose de que la mamá o el hermano no esté cerca de la puerta que estaba dañada y solo se la podía asegurar remordiéndole un trapo, ya todo bajo control pone a reproducir dicho CD, la primera imagen en la pantalla del televisor de veintiún pulgadas era negra con letras rojas diciendo FBI, luego un cúmulo de códigos de placer que perfectamente codificaba Mario en su primera experiencia sexual con la mano instruyendo a su cuerpo a sentir placer. En la relajación que compete un buen pajazo mira al techo y suspira en señal de victoria, ¡Guau! después de todo ha sido mejor de lo que los chicos contaban… Mario se había presentado a sí mismo con una de las aristas del placer, pero no solo quería esto, ya nacía en él la inquietud por sentir un conducto húmedo y caliente alrededor de su cuerpo, pero hasta que eso sucediera iba a pasar mucho tiempo de aprendizaje solitario, ya sea en la televisión con las modelos de los programas concursos, con la semipornografía de Cable, o con algún video que alguien le auspiciara -ese era el tiempo del VCD- esas películas de muy mala resolución que de momentos envés de manos y pies se veían cuadritos; con todo esto Mario supo sustentar su presión testicular, esto acompañado de algunos buenos sueños húmedos que lo hacían levantar no tan cómodo. Al comienzo todo empezó como parte del itinerario de la adolescencia, cosas normales que se escuchan en las aulas colegiales, hasta de boca de los profesores que con mucha erudición recomiendan usar “papayas con un hueco”, “pedazos de carne de res”, “gallinas”, “chivos tiernos” hasta llegar a reproducir una película porno en el laboratorio de Ingles, en esta ultima acción era todo raro o normal, en sí se tornaba la situación ambigua por la relatividad que existe dentro de las personalidades de cada individuo de los que se someten en un centro de estudio, unos tímidos, otros sabidos, “ellos” los promiscuos, “aquellos” los Nerds, “esos” los que parecen que no existen, los parapoco. Mario se situaba en el gremio de los versátiles, de esta manera alternaba vivencias con todos, por eso que tenía una popularidad en perfil bajo, tampoco que era histriónico en cada movimiento aplicado a su comportamiento.


Es la época de las fiestas cada fin de semana, del pegote de gel, de los jeans a la moda, de la hebilla del cinturón alineado con los botones de la camisa… es el momento que la testosterona fluye a su máximo esplendor, y se empiezan a ver la hendidura glútea de los pantalones pegados a la piel ayudados por la forma que ofrece el hilo dental (buena figura para grabarla en el espacio que brinda el cerebro para esta clases de utilidades del automanoseo). Él estaba saturado de no consumir lo que veía, sus niveles de paja subían considerablemente sin importarle nada, y la pornografía se mudó al Internet, fue descomunal la descarga, en la época que el Internet era por vía telefónica, se bajaba un video de quince minutos en una semana; pedofilia, zoofilia, sadismo, masoquismo, necrofilias, interraciales, caseras, vírgenes, travestis, hermafroditas… etc.

Algunos años después (no muchos)

Mario había pasado una que otra relación sentimental, cada una tuvo una calificación regular, pero con el transcurso del tiempo había ganado mucha experiencia y madurez, ya a sus veinticuatro años con buena estabilidad laboral y social se sentía feliz así, pues de esta manera su intención era estar solo (Sin novia) para disfrutar los buenos momentos con sus amigos… entre las amigas -casi todas eran de su agrado- pero había una en especial, “Cristina”, el gusto que nació por ella fue por los momentos que compartieron juntos, en fiestas, en conciertos de Rock n’ roll, en la casa, en cualquier lado que compartían, fue la causa que alimentara el sentimiento que tenía hacia ella, hasta que llegaron a vacilar. Mario fue estrepitoso en este sentimiento, la amaba tanto que no sabía ni como demostrárselo por miedo de que ella se asuste, el parcializado silencio fue la estrategia que Mario aplicara hasta esperar que Cristina se enamore de igual forma, pero ella se demoraba, tanto que él desesperaba, sudaba, lloraba… Al parecer la propuesta de seriedad sentimental que le plantaran a ella no era buena, ni siquiera quería intentarlo, porque estaba viviendo una situación de descubrir, de “meter el dedo en el pastel” en cada fiesta, de comer barras de leche o de chocolate de distintas marcas, importadas o nacionales, esto hacía que Mario viva la paranoia y resignación de los celos, de aguantar recibir noticias de su amada, que está con uno y después con otro; Cristina le remordía todo esto, ella tenía en la conciencia lo que estaba sucediendo con Mario y se sentía mal, todo era un laberinto donde no había salida, y la única parte que parecía una escapatoria a la tranquilidad era estar con él, así que cortó toda relación vaga, y le dice sí a Mario. Esto marca el antes y el después en la vida del chico sufrido de la historia, es el sonriente clímax que le hierve en el pecho, lo que hace que Cristina se sienta la mujer mejor tratada del mundo, lo cual le gustaba, pero no era lo que ella quería, las mujeres no prefieren un esclavo fantástico sino algún otro tipo de hombre que no sea tan utópico. A pesar de esta astilla, Cristina seguía en esta improvisada relación que con el pasar de las semanas iba mejorando; es en una fiesta que se emborrachan, disfrutaron y bailaron toda la noche, parecía una Luna de Miel tal momento que tuvo su fin con la propuesta de Mario en ir a su casa, ella acepta y estuvieron juntos en la misma cama, se besaron hasta saciarse, Cristina ponía las manos de él en sus glúteos, ¡¡nalguéame!! ¡Dame duro!, Mario hizo caso a la nalgada solicitada, pero esta más fue por cumplir un requerimiento sexual que por el placer que demanda pegarle una rica nalgada a una mujer en plena concupiscencia, seguían en el acto y en el momento del coito el chico entra triunfalmente, Cristina se siente plena, pero al pasar de tres minutos él experimenta lo mismo cuando un televisor prendido sufre un apagón, todo de golpe, instantáneo, off. Cristina pensó que eran los tragos los que causaron esto, lo abrazó, le dio un beso en la frente y se durmió en el regazo de él.


Al siguiente día lo intentaron y pasó lo mismo, tres minutos “out”, Mario miraba el techo y exhalaba fuerte rompiendo la tranquilidad del oxígeno con su CO2 ardiente de mucha impotencia. Era un problema para el pobre que estaba tan ilusionado con ella y la estabilidad del enamoramiento que él profiere estaba cayendo en el miedo interno de que en cualquier momento eso iba a ser causal de infidelidades de parte de Cristina, sabiendo el pasado de ella y sumando el presente problema para Mario era una latente amenaza no poder cumplir, así que empezó a visitar al Sexólogo, al Urólogo y por último al Psicólogo, sin que estos puedan ayudarlo; en parte el psicoanalista aportó para que Mario descubra el por qué de su problema… Ciertos pensamientos fueron inclinándose a un posible problema de gustarle los hombres, cada vez que veía a un hombre guapo no lo podía ver por mucho tiempo porque sentía que le estaba atrayendo. Los principios impartidos en su hogar, el machismo de su padre, un posible rechazo social y de Cristina bloquearon ese instinto confuso en él, que tuvo su génesis en la presente imposibilidad, la que lo tenía al margen de una crisis paranoica. A pesar de todo Cristina no se sentía en alerta por aquello, aunque sí se moría de ganas por sentir un placentero orgasmo, vale acotar que en esta sociedad el hombre es el más urgido de sexo, la mujer más quiere otras cosas que en la imaginación del hombre no existen. Entre todos los amigos en común que tienen Cristina y Mario, están Bárbara, Mariuxi, Andrés, Fabián, Ximena, Jorge y otros que conforman un circulo de amistad; en una celebración del lanzamiento de una revista que Mario hacía con Ximena, fue donde él en el apogeo del baile decide irse, y Cristina queda sola, desamparada en medio de la selva nocturna, donde nadie considera nada, en esta ciudad que el instinto puede más que lo que sea, donde cualquiera mata a la madre por placer, no digamos una sincera amistad, ¡la noche es la noche!.


Ximena que nunca se le conoció un novio y tiene un centenar de amigas, se apega lo que restaba de la noche a Cristina, bailan juntas y se emborrachan, amiga me caes bien, te quiero, Yo también te quiero (Besos en el rictus) Ximena acariciaba el rostro de Cristina, iban y venían, salían y entraban, tiritaban contentas en la euforia festiva. Era ya las cuatro de la madrugada, cada quién se tenía que ir a la casa, Ximena la invita a Cristina a su casa, donde ella estaban celebrando el cumpleaños de su mamá, algo que un poco incomodaba a Cristina, por ir donde personas que no conoce, pero como se trataba de ella también ser mujer no era lo mismo que fuese hombre que para percepción de Cristina ahí sí iba a ser imprudente, entonces fue… en el taxi iban abrazándose, tales abrazos se confundieron con respiraciones a nivel de la oreja y la borrachera hacía que bajen al cuello, es cuando la presa está vulnerable lista para acecharla, esto supo razonar Ximena que no dio reacción a Cristina en el momento que se abalanzó a besarla en los labios, al principio estaban rígidas, más la principiante que la otra que ya lo había experimentado, pero todo tiene que tener su estabilidad la cual fue propiciada por Cristina que se fue acoplando al gusto de los labios de su salvadora noctámbula. Al siguiente día… Cristinita, ¡hola! mírame a los ojos, Ja ja no me digas nada me hiciste hacer huevadas, Y qué… ¿no te gustó?, ¡Sí! estuvo rico (más besos en el rictus). A Cristina le toca irse a casa, cuando llega carga su celular que estaba muerto sin batería y tenía decenas de mensajes de voz, todos de Mario diciéndole Mi amor ¡Contesta, por favor!, ¡contesta! ¡contesta!, te amo, por qué no contestas, no seas malita, te quiero mucho, contesta, te fui a buscar a la casa y no llegabas, estoy preocupado que no apareces, contesta… Rápidamente contesta Cristina alegando nada más que la verdad, que se había ido a dormir a la casa de Ximena, como en teoría no tiene nada de malo, Mario se tranquilizó sin refutar nada ni pasarse de tono en reclamos ya sin sentido. Seguían juntos, Mario empezó a tranquilizarse, a sentir más gusto físico por Cristina, a amarla más, inclusive llegó a tener un desempeño óptimo con su amada, y con esto él pensó que todo iba a ir bien, pero cuando Mario entraba en ella, Cristina solo pensaba en Ximena para llegar al orgasmo y cada llamada que Ximena le hiciera era el detonador de una linda sonrisa en la novia de Mario, hasta que un día…

Mario, ya no quiero estar contigo

jueves, 29 de octubre de 2009

Psiquis


Este polo de pobreza, este polo de caras, de gestos, de brillos, miradas, cristales, vitrinas y más… aquí nada yace, nada es, y a la vez todos son, algo que la razón no puede razonar, claro está que para la conciencia de los idealistas estas premisas resultan banales, ya que, estos centran su vida desde el alma y el alma no necesita de materialismos, como sí el cuerpo… Para el idealista cualquier lugar es el mismo, todo le parece novedad o algo necesario para la eclosión de nuevos razonamientos, en cambio el corriente sí delata todos los aspectos, contrasta las situaciones, esto es Más y esto es Menos envés de esto es Malo y esto es Bueno.

Eduardo no se siente bien comiendo entre mucha gente, agarra su cuchara la eleva con el respectivo elemento encima y en mitad de camino se detiene, queda segundos hecho estatua, casi pávido con letargo levanta lentamente el iris de sus ojos hasta que parezca que hayan quedado colgados de las pestañas superiores, mira a un señor, una señora, un niño, a una jovencita… mira, mira y mira mientras los alimentos tiritaban en la superficie de la cuchara que seguía inmóvil a mitad de camino.

Ya no puedo estar aquí

Levantándose del asiento como si nada, él no pretendía que todo el mundo se de cuenta de que estaba en una magna tensión, caminó por los pasillos sin dilucidar que su miedo estaba fecundado en el reflejo de él sobre los cristales limpios, sintiendo incluso que estos cuadros de vidrio lo coqueteaban y más pensamientos obsesivos que le producían el escenario del utilitarismo de la polis.

Era largo el pasillo, hasta legar al final donde uno da media vuelta y todo es lo mismo, sin cavilar tal monotonía siguió el camino hasta llegar donde empezó.

Bueno, tengo algo de dinero y no sé que estoy haciendo, pero necesito no tenerlo para sentirme feliz.

-¡Por Dios! Eduardo qué te sucede, yo te caractericé de otra manera, lástima que no me puedes contestar por no ser esto un experimento literario-

Bocas abiertas chorreando baba, con bolsillos insípidos anhelando el cristal, qué tienen que hacer ahí… hay cosas más importantes como leer un libro de Literatura Universal, y qué dicen de los cristales empañados de vapor salido por la exhalación, anhelando olor a nuevo… solo eso olor a nuevo…

-Pobre Eduardo ¿Qué ves? Está bien discúlpame me olvidé de nuevo que esto es Literatura Académica-

Siguiendo el pasillo sin fin, entra en un cubo de esos fríos que huelen a ropa sin sudar, a su lado una mujer rubia de color rosado metía sus lisas manos en su elegante cartera de brillos, saca una Tarjeta de Crédito, Eduardo la miró y sintió envidia

Por qué no puedo hacer eso, Mi Padre nunca me dio esos lujos, que mal padre siempre me llevó al Mercado a comprar ropa, él debió haber tenido más dinero para que mi calidad de vida sea como debe ser, tener mi carro, ropa de marca, celulares caros, vacaciones en Estado Unidos, mejor colegio, mejor esto, mejor aquello, mejor allá, mejor acá… Si Papá me hubiese brindado esos detalles, tuviera una novia rubia ojos claros con trasero convexo, no la chola negra que tengo y encima boca sucia. Así es mi vida me tocó el decantador más estricto.

Eduardo seguía cavilando estos preceptos referentes a su vida desde que se acuerda de Niño hasta ahora, verlo a distancia pareciera que está sedado viendo gente.

Permiso me está obstaculizando el camino, quítese

Esta Rubia pasa junto, bien junto, tan junto a él dándole una caricia en el rostro con su cabello olor a shampoo costoso, tal caricia para Eduardo no fue tortuosa paradójicamente fue excitante, ella sale del lugar y Eduardo queda inmóvil en Acción y Pensamiento mirando al vacío, sacudió su cabeza y corrió a seguirla pero al salir la perdió de su visión periférica, miraba inquietamente mira a todos lados, después obsesivamente miraba a todo lugar posible de estadía de la Rubia pero esto fue inútil, optó por apoyarse en el balcón mirando los pisos de abajo, ¡qué sensación más terrible! de forma instintiva se suelta de la posición que estaba dirigiéndose hacia las escaleras, en el descenso no visualiza nada, llega al piso intermedio y lo recorre todo, Isla por Isla, Cristal por Cristal en la intención de encontrar la ansiada silueta que lo ponía agitado. Empezó a divagar viendo el techo y el piso, sacó su celular y se puso a hablar con nadie y así cerca de cinco minutos Eduardo dialogó con la nada, es interesante contarle sus cosas a la nada, es mas comprensiva que el algo y el todo, no da cabida a depresiones, solo a desahogos mentales que posteriormente dejan al Ser relajado de culpa o de responsabilidad de lo que sea que pese en la composición intangible del mismo. Eduardo le cuelga a la nada en el momento que pasa apurada la Rubia frente a él, la persiguió discretamente hasta el momento que la situación se tornaba obvia que fue cuando ella entró al baño, disimulando entra al baño hombres y va a uno de esos urinarios modernos que solo con mirarlos sonríen, mientras orinaba él sintió que algo no andaba bien, era una mirada que apuntaba a su falo apagado, era el compañero del urinario derecho que estaba inquieto respirando presurosamente mordiéndose los labios, Eduardo se incomoda y decide sacudirse lo más pegado a la leve privacidad del momento yéndose rápido, cuando sale se da cuenta de que había olvidado a la Rubia

¡Mierda, se fue! (expresión en silencio, al mismo tiempo que se agarra el cabello)

Esta vez sí había perdido a la rubia, qué decepción para él tener que sentir la pérdida y de esta manera, como un precipicio con sima puntiaguda sintió el dolor del autoengaño, de eso que siente un hombre cuando de cinco, seis le salen mal… ya cabreado Eduardo sube por las escaleras eléctricas al Patio de Comidas a dar solo vueltas, el ambiente lo rodeaban mujeres maquillándose, homosexuales observadores, las niñas con apariencias de mujeres apetitosas (lo extasiaban) y ciertas personas prejuiciosas que se burlaban de él por su vestimenta cómoda. Harto de esto emprende camino a la librería; entre el Patio de Comidas y la Librería había algunos escaparates de Boutiques que Eduardo ya drogado de tantas cargas visuales y psicológicas que fue objeto empieza a ver y a reírsele a todo el mundo, a los miserables que atienden tras los cristales y ponen caras fingidas para que los estúpidos lleven una prenda; asqueado de ver esta escena hedonista y limosnera típico de dos extractos que no hacen más que mantener el esnobismo putrefacto de la yoni, de los bolcheviques, de los chinos, de los europeos, de los negros, de los blancos, del Ecuador, del conformismo intelectual, de Dios, del Diablo… Llega a la Librería mas que para ojear un libro, es para ver a cualquier chica guapa e intentar hacer lo mismo que hubiese hecho con la Rubia, pero fue imposible, solo estaban ansíanos leyendo Best Sellers, solo por ahí una chica hermosa fue punto de atención pero esta no le da la minima atención -se desconoce el motivo- aunque ella sabía que Eduardo la estaba asediando nunca le dio importancia a aquello, en pocas palabras no lo paró bola.

De hecho ese no era su ambiente, estaba en un campo minado el cual no hallaba escapatoria, pero como algunos dicen “Siempre hay una buena alternativa” la que quedaba era el Cine, estaba tan emocionado de querer echar atrás todo lo acontecido, toda intención de cambio muere en la cartelera…

Casi llorando Eduardo baja a la planta baja ahí yace una tiendita de licores importados justo a lado de la papelería, entra a la papelería compra un cuaderno y una pluma, luego va a la tiendita y lleva una cerveza alemana de cuatro dólares, sale a esos asientos de fierro atornillados al adoquín de la explanada, fumando cigarrillo toma la cerveza saca sus audífonos y le pone Play a Periódico de Ayer…

viernes, 18 de septiembre de 2009

Letras para un premio


Es admirable ver una calle sin líneas, sería peligroso, esto tiene poco que ver con lo importante de la percepción de Pancho al notar la calle vacía cercada por casitas de igual arquitectura, en el punto de fuga imaginario nace la figura blanca, pegajosa, angelical, resbaladiza, ninfa y pura de Yelena su escorzo empezaba en su frente adornada por el caer del cabello lacio, los hombros finos y piernas rozagantes que denotan sutilidad a cada movimiento de ella, solo verla es imaginarse su olor “cítrico dulce” unión de feromonas con inocencia… ella es un tributo a todas las etopeyas femeninas… Eso pensaba Pancho un día 5½ de la tarde solo para admirar lo ya referido, todo el clímax acababa en la puerta de la casa de Yelena cuando ella la cierra y había que esperar por la mañana para deleitarse para reconstituir la imaginación, ella vive sola y tiene 22 años, presa fácil para cualquier pensamiento intruso de Pancho.

Esta chica se levanta 4 1/4 AM para llegar a tiempo a su trabajo, se podría levantar a las 4 pero es muy gratificante el cuartito de hora más que sugestiona un buen sueño, corre a asearse <> se viste poniéndose el uniforme al apuro y al ponerse la medias Nylon por motivo que se desconoce (por no ser totalmente omnisciente) se rompe una media, similar a las roturas de telas o las aruñadas de los gatos en la impermeable piel humana, ¡Dios mío, Mi media! ¡Ay, se quema la falda! nooo es tarde. Medio tomó un jugo de naranja y se marcho a trabajar, mientras esperaba el expreso todavía el alba no arropaba la madrugada, alguna que otra estrella todavía parpadeaba casi degradándose en el violeta característico de aquella hora… llega el expreso, como todos los días Yelena es la primera a la que van a ver, si fuese la última, capaz tendría mas tiempo de arreglarse pero por razones logísticas ella era la primera de la ruta. Mientras va en el expreso pide al chofer que prenda la luz para recompensar las horas perdidas por la calamidad doméstica suscitada antes, se peina se acomoda los pormenores referentes a cómo estar “bien presentada”, para Yelena no era importante estar “fashion” pero sí es horroroso para una mujer que la vean “fea” entonces entre fea o guapa, guapa. En la ruta del expreso… recogían a parte de Yelena unas cuatro personas más pero solo faltaba Víctor uno de los empleados con más tiempo en la empresa, llegó el carro del expreso a la parada donde vive él, el carro pita, pita y pita, ¡Pi piiiiii! A pesar de esto el chofer se ve obligado a esperarlo, igual no fue mucho el tiempo de espera, lo que pasa es que en la perspectiva del ajetreo matutino los segundos se vuelven tan trascendentales que el minuto tiene las cuatro estaciones y así todos se impacientan porque la ansiedad corre a 200 Km/h y lo normal es de 100… Víctor se embarca en el expreso justo a lado de Yelena habiendo más espacio libre, era obvio que quería estar a lado de ella por lo menos para sentirse cerca, es de creer eso salvo que la ingenuidad del narrador sea vasta, me atreveré a decir que se sentó junto a Yelena para que en un momento prudente él tenga que coger su celular en el bolsillo que está pegado a la pierna lisa femenina, y justamente esto ocurrió, al tipo le sonó el celular (sospechosamente) este dirige su mano al bolsillo donde estaba el celular y antes de introducir la mano “accidentalmente” roza con el envés de su mano la piernita de Yelena que se incomoda mucho porque era elocuente el acoso, ella no le dirige una sola palabra y le clavó la mirada mientras él era un perfecto desconocedor de los motivos y al no ser una razón absoluta de culpa de parte de Víctor ella optó por despegarse un poco de él y de arrimarse casi apretadamente al borde interior del lado derecho del carro lo cual intimidó a Víctor pues Yelena hizo evidente casi alarmante el jueguito que le hicieron, así que los demás formaron parte del momento embarazoso…

Todos los tripulantes del expreso respiraron hondo cuando llegaron poco a poco bajaban y se dirigían a sus puestos u oficinas de trabajo casi todos en aquella empresa tendían a ser muy educados respetando “las normas de etiqueta social” aquellas que defienden como un ideal propio las viejas con monóculos de oro… desde el “buenos días con el guardia de seguridad” con las secretarias, con los colegas, con los jefes, con los visitantes, conocidos y desconocidos a todos se les tenía que saludar, al perecer era una regla de la empresa. Marcada la hora de asistencia y sentados todos en su lugar (algunos parados, y otros acostados) comenzaban su día laboral… Yelena era miembro del departamento de ventas, llegaría el primer “Pato” el turno fue para una vendedora equis, esta se puso a vender el producto y Yelena fijaba su atención en la venta vecina con el oído mientras al mismo tiempo encendía el computador para ver las novedades de su e-mail, Facebook, MSN…etc. Abre su facebook y empieza a aceptar las invitaciones que decenas de personas -casi todas hombres- le solicitasen. <> ahora le tocaría el turno a Yelena, él se sienta y la guapa vendedora empezaba con sus estrategias primarias de ventas, por su hermosa sonrisa era inevitable no poder despegarse del sentido de ser -vendedor-comprador- Enseguida los ojos del comprador se hacían una presa para el anzuelo que era ella que con tenerlo sentado en la silla embobado e hipnotizado procedía con una perfecta dialéctica de persuasión a arremeter el interés dudoso del que está siendo objeto haciendo la venta un hecho, en otras ocasiones no funcionaba, eso la estresaba mucho pero cuando sucedía como en la explicación anterior (se concretaba la venta) era un regocijo exquisito, en este caso todo salió bien y el cliente se fue con los síntomas de la táctica al que inconscientemente cayó… Regresa a la pantalla del computador y nota que tiene un mensaje el cual decía: “Hola komo stas mi nombre es Mario”, Yelena lo ve y no ve motivo alguno para no responderlo y lo hace, “Hola”, esto a la vez chateando con todos sus amigos, los verdaderos amigos, no esos que solo se conocen por fotos. Uno que otro de tantos asciende a la privilegiada recepción de la confianza… pero este tal Mario era “uno de tantos” en la sesión de él estaba solo una ventana abierta que era la del Perfil de Yelena, él estaba husmeando en sus fotos, habían unas sexys con vestiditos cortos una sola pieza al estilo de los 60’ unas con uniforme… Mario estaba codiciando tempranamente a Yelena sin conocerla, ve la ventana de conversación y seguía igual el “Hola cómo stas…” y el “Hola”, por esto Mario reanuda la conversación con otro “hola” cuando Yelena lo recibe le responde. “Disculpa quién eres”, Mario: “Disculpa x no presentarme mi nombre es Mario Coronado te contacte para hacerte conocer un grupo q se llama Caja4 ahí t mando el link para que aceptes y formes parte d este grupo” Yelena: “aah, y de q se trata” Mario: “Es un grupo dond nos reunimos y hacemos flashmob se trata d convocar personas x medio d redes sociales en un lugar establecido y hacer alguna actividad todos al mismo tiempo aparte hacemos cineclub” Yelena: “Ahh, que interesante ok ya voy a aceptar la invitación gracias”

Ella se interesó por el grupo que Mario se estaba refiriendo. Lo aceptó y lo empezó a revisar, resultaba ser algo que tenía mucha acogida y que este tal Mario gozaba de cierta fama… Mario de nuevo manda un mensaje, pero esta vez no era saludo: “Ya viste la pag del grupo” Y: “Sí esta muy interesante, me gusta lo del Cineclub las películas que proyectan, veo que tienes de Amigo a Andrés Ycaza??” M: “Sí el man es mi pana que tú lo conoces?” Y: “Claro el es mi ex” M: “Visijue q chico es el mundo” M: “Y por q terminaron si se puede saber” Y: “Es una larga historia el man tenía sus problemas y me harté de eso, lo adoro pero ya no puede serL M: “A ok bueno, y q mas te cuentas…”

Y así se pasaron dialogando cerca de 60 minutos hasta que le tocó otro vendedor pero este no cayó en la trampa, en eso entra el encargado de algún otro “departamento” a supervisar algo o hacer notar esa parada de importante con las chicas; la verdad siempre iba por Yelena, el muy baboso quería conquistarla, era el típico chico guayaquileño que solo tiene dinero, pero para las que solo tienen ojos esto es muy importante, en este caso Yelena no era así, si antes amó a Andrés Ycaza era porque ese muchacho tenía su riqueza en otros lados menos en la billetera, pero paradójicamente la depresión de Ycaza se fundaba en la falta del medio, porque hasta para ser idealista en este mundo hay que tener cuadernos y plumas para escribir y por eso la famosa frase “Dios le da Barba al que no tiene quijada”

Este chico que entró aparatosamente su nombre es Stéfano, es el hijo del dueño de la empresa y por lo tanto jefe absoluto de todos los empleados, él pensaba que todo en materia de féminas era “a vaca” de hecho realmente sí era fácil para él aun siendo un tipo físicamente horrible se vacilaba a las chicas más bellas de Guayaquil, esto lo haría pensar en ir confiado a pretender a Yelena, Hola, alguna novedad. Nada malo solo se ha hecho una venta por la mañana. Perfecto, todas deberían ser como tú inteligentes y sobre todo tener esa belleza única que tienes. Con este tipo de elogios Stéfano se insinuaba ante Yelena, ella lo que hacía era tratar de manejar la situación con gestos eufemísticos para evitar inconvenientes en su estabilidad laboral ya que este chico no le importaba lo mínimo, consecuentemente estos gestos engañaban la percepción de Stéfano quien ya se imaginaba que lo tenía todo en la palma de su mano y con mucha expresión rozagante salía tiritando con satisfacción y aires de galán. Yelena obviamente se sentía algo extraña aunque puede ser que haya estado acostumbrada a las arremetidas de las personas sobre todo masculinas, en su infancia cuando su mejilla era halada por quienes la alababan de ser niña preciosa, cuando los niñitos le tiraban una mecha del cabello camuflando así su verdadero motivo que era tan solo palparla para sentir la satisfacción intrínseca del gusto que sentían hacia ella, en su prepubertad cuando recién brotaba sus ángulos el acoso de los pedófilos… Las pretensiones masculinas no siempre son honrosas, suelen ser peyorativas. Algo tendría que ver esto para que Yelena no absorba absolutamente todo lo que le digan, por eso no le dio importancia a Stéfano y siguió su labor… todo el día laboral para Yelena es recibir gente interesada al producto de la empresa, y por ahí cualquier oficio que el jefe le encomendara. A las 4 de la tarde se acababa la jornada de Yelena prosiguiendo a la rutina del expreso y peor tener que ver al morboso de Víctor, pero no iba a dejar el expreso ni el trabajo lo cual la costumbre estaba cobijando tal situación, antes de que ella suba al expreso alguien vocea su nombre, ¡Yelena!, ella da vuelta y se percata de que era Stéfano quien la llamaba, Mi padre te llama, quiere hablar contigo, Sí cómo así por qué, Porqué es tu Jefe, anda es importante. Yelena con mucha previa curiosidad va a la oficina del Señor Jefe, saluda a la secretaria y confirma el interés que este señor tenía en hablar con ella, esta le comunica al Jefe que Yelena lo está esperando, él le responde “que pase”, ella abre la puerta con letargo debido al respeto que debe de tener para quien es un superior. ¡Entre, entre! Señorita Córdova siéntese no me tenga miedo, qué tal hoy, sí me la tratan bien. Claro Ingeniero. El motivo que la llamé es porque veo que usted es la que mayor venta tiene de todas las señoritas del Departamento de Ventas, la felicito, Gracias Ingeniero. Mañana es el congreso de todas las empresas que venden el producto, va a ser en Galápagos, quiero que estés ahí, ten tu boleto, mañana te esperamos aquí a las 7 de la mañana, Gracias Ingeniero, le agradezco mucho, De nada Señorita Córdova, usted se lo ha ganado por su buen desempeño, En el momento de la tertulia entre Jefe y empleada, este recibe una llamada la cual la contesta y queda segundos callado con una expresión atónita, Yelena ve imprudente su estadía en la oficina y brevemente se despide ¡hasta mañana!. En el expreso Yelena no dice nada en todo el camino, hasta llegar a su casa permanece callada ni siquiera parece importarle lo imprudente y locuaz que es Víctor para verla, llega a su casa y se queda viendo el expreso como va alejándose hasta perderlo de vista aunque segundos después queda dilucidando el vacío, Yelena regresa su atención a abrir la puerta para entrar sacando las llaves de la poblada cartera pero esta no quería abrir inmediatamente obedeciendo el girar mecánico de la llave ¡algo pasaba! después de intentar repetitivamente el vaivén veloz de la intensión misma, logra abrir y así se dio el desahogo de Yelena que tenía en su conciencia la belleza que poseía y que seguramente muchos ojos tras bastidor la estaban espiando la poca piel que podía mostrar detrás de su transparente media nylon, entra rápidamente a comer algo para evitar la gastritis, se saca las prendas con mucha decisión ya que cada prenda desprendida representaba 1º C menos y totalmente desnuda se tira al colchón restregándose en las sábanas de ceda blancas, terminado este ritual Yelena prende su laptop para conectarse directamente al Messenger y chatear con algún amigo o amiga y así de esta manera comienza el transito de letras de una computadora a otra, esta situación le quitaba el estrés a Yelena el mismo estrés de la ansiedad que el Internet mismo le producía, pero ahora ella no está en la perspectiva de dilucidar dicha abstracción, el sentido único de dialogar chismes, ideas, pensamientos, tristezas, alegrías, apoyar a una amiga o a un amigo anímicamente, hay muchas personas que se sienten bien estando gachos de cabeza por alguna frustración sentimental pedir a alguien que tan solo lo escuchen, solo eso, que lo escuchen, claro, que para la otra persona nunca va a ser el mismo interés, quizá el único interés de la otra persona es el querer ayudar a su buen amigo en malos momentos, Yelena tenía buen repertorio para aliviar penas ajenas, esta niña debió ser una motivadora profesional, levanta a cualquier Lázaro.

“Mario dice: Hola”

Yelena siente una extraña sensación al volverse a contactar con este chico que lo conoció por la tarde, siempre esas coincidencias inmediatas son triviales, en el chat pasa siempre, como hoy en día a los chicos les gusta conectarse de mañana, tarde, noche, madrugada y si existiera otro estado del tiempo en el movimiento de rotación también lo hicieran, esa es la paranoia de algunas madres y el gran cuestionamiento también ¿Qué tanto hace ahí? Yelena vivía sola entonces no tenía quien le reproche el “por qué tanto de una cosa” o el “por qué del poco de otra” ¡nada!, ella puede hacer de su vida en su casa lo que le de la gana. Llega un momento en la vida que no hace falta que alguien mande a hacer o no hacer las cosas, el itinerario obliga a Yelena ajustar lo movimientos de su día a día, sabiendo que tiene que ir por la mañana al trabajo no va a quedarse hasta las 4AM en el monitor y solo dormir 2 horas, no será nunca una buena inversión para el tiempo que tiene que estar en el trabajo, la antítesis está en que hay madrugadas que las conversaciones suelen estar tan buenas que se peca en no dormir nada y seguir los labores que competen del día, ¡uf! Eso sí que es tedioso aquella cara macilenta y ojeruda…

Y: “Hola como estas, tu eres el d la tarde el amigo de Andrés Ycaza” M:“Si que fue q haces, como así a sta hora todavia no estas cansada” Y:” lo que pasa esq estoy preparando las maletas porq me voy de viaje” M:“Chevere a dond te vas, si se puede saber” Y:“A Galapagos es un viaje de trabajo” M:“Galapagos es increible” Y:“de ley ojala no solo me toke trabajar jaja” M:“Seria turro q solo pases camellando y no hagas nada mas” Y:“Ni digas eso, igual es un Congreso para los que venden el mismo producto que vendo en mi empresa” M:“A chevere siempre en esos congresos dan comida y hay presentaciones de artistas no creo que todo sea caras largas” Y: “jajaja que risa, no no creo de ley que no”…

Pasaban las horas y Yelena no solo chateaba con Mario sino con algunos amigos más mientras preparaba su maleta para el viaje eran las 4 y 25 de la mañana era obvio que ya no iba a dormirse, podría correr el riesgo de quedarse de largo, se despidió de Mario y de todos y se fue a bañar, cuando dejaba correr la tibia agua por su exótica piel sus ojos se pegaban involuntariamente, casi no podía enjabonarse y el jabón se le caía a cada rato haciéndola agachar para cogerlo, con tanta dificultad se consiguió lavar el cuerpo y con el mismo letargo sacaba el uniforme del armario tirándolo encima de la cama, proseguía a las nylon que al azar sin ver por su somnolencia no sabía qué color estaba cogiendo si eran plata, eurocolor, tornasol, blanco… solo agarró y se las puso, ve la hora y sabía que ya estaba tarde, rápidamente hizo su aseo bucal, un peinado fugaz con el cepillo moderno (El que venden en la televisión), tropieza su canilla con el filo de la cama mandándola a gritar a Yelena del dolor, tanto que lagrimearon sus ojitos, imprudente hacerlo en ese momento para ella pues empezó a derramarse el “eyes liner” que se degradaba de a poquito en sus ojeras…

“Pi, piiiiiiiiiiiii”, el expreso había llegado ¡fatal! Yelena asomó su cara por la ventana diciendo o mejor dicho gritando que la espere un ratito al del expreso, en un segundo sin saber cómo, Yelena ya estaba lista salió hermosa con sus medias bien puestas, su traje templado, el peinado liso bien definido y la composición de los colores de su rostro perfecta. “Pi, piiiii”, “ya por favor ya voy, ya voy”, “Buenos días señorita Yelena qué guapa se la ve el día de hoy, le quitó el gris a esta mañana” “¡Don Jacinto! que pillín ha sido usted” Don jacinto es el chofer del expreso y toda su vida profesional su mirada fue al parabrisa en la misma posición daba el “Buenos días” y así mismo las “Buenas noches” pero este día por tratarse de ser sábado se dio la licencia de mirar a Yelena y darle ese epígrafe culto sin el mínimo deseo carnal, Don Jacinto a su edad de 55 años con tres hijas estudiando en la Universidad nunca iba a fijarse en Yelena como un viejo morboso, para Jacinto su trabajo es sacrosanto, lo que le ha sustentado las necesidades de toda su familia, “Disculpe de verdad señorita Yelena, he sido atrevido, le ruego que me disculpe” “Tranquilo Don Jacinto lo que usted me acabó de decir es lo más bonito que me han dicho en la semana” Jacinto despegó un poco los labios dejándose ver de su boca el color áureo de su colmillo superior derecho y así arrancó y se fue a la casa del Ingeniero para llevarlos al aeropuerto, cuando llegaron sale inmediatamente el Ingeniero y su hijo Stéfano y se embarcaron en la furgo, fríos con un saludo insípido y las caras largas esa era la expresión de ellos, Yelena los miraba y quería adivinar qué pasaba, por qué Stéfano no esta coqueteándola y por qué esas caras de desacierto y esto sumada la impotencia de poder preguntar y nada por lo irritable que el ambiente estaba con esas expresiones o gestos… llegan al aeropuerto cumplen todos esos trámites competentes antes de subirse al avión y a volar, sin por menor alguno llegan a la región insular y estos seguían desde el viaje con las mismas caras aunque la de Stéfano ya estaba mejor pues al parecer sin saber el motivo todavía, ya estaba con mejor semblante no así su padre que seguía igual y por momentos peor, estando en el congreso Yelena conoce mucha gente, vendedores de otros países, empresarios, y demás gente competente en el área de la venta del producto que Yelena vendía, fue muy nutritivo “intelectualmente” para los que habían asistido ahí, para la Señorita Córdova, para Stéfano para todos, pero el único que parecía no importarle era al Ingeniero que seguía con la cara de velorio -lo cual ya se hace aburrido esta prosopopeya del Ingeniero y prometo no repetirlo- terminada la velada el brindis y toda la tertulia informal se acababa el congreso, todos se iban al mismo hotel que había organizado una fiesta en la recepción, para esto todos se fueron a sus respectivas habitaciones a transformarse para lucir de noche pero Yelena estaba muy cansada porque no había dormido, ya había sido suficiente por no decir mucho que haya estado en el aquel congreso que duró cerca de 3 horas. Yendo por el pasillo a su habitación llega a ver a Stéfano en el balcón en una posición como si se estuviera quebrantando con mucho dolor, cuando se acerca más la sorpresa que Stéfano estaba llorando desgarradamente casi ahogándose, ella le pone la mano en el hombro y este se sorprende inmediatamente intenta dejar de llorar pero no le sale la intensión y se desparrama al cuerpo de Yelena que inconscientemente decide dejarlo desahogarse en su regazo, este momento de afecto (de dar en este caso) resultaba agradable para ella y lo hizo con ternura, pero aquí ya la curiosidad era por qué estaba llorando, ya no aguantó ella las ganas de saberlo “Stéfano, qué está pasando todo el viaje desde Guayaquil han estado raros tú y el Ingeniero” “Yelena lo que pasa es que…(llanto)mi madre nos dejó se fue con otro hombre” Yelena no sabía que decir estaba perpleja de la respuesta tan fría, sincera y dura, solo siguió dándole su abrazo y fuera del motivo en que Stéfano estaba así, se dio cuenta que pudo rescatar una virtud muy tierna en él sin embargo solo por ese motivo no le iba a dar a apertura a otra cosa que no sea amistad hacia Stéfano que estaba muy augusto en el calor del cuerpo de ella y así permaneció algunos minutos hasta cuando Yelena mismo tuvo que alejarse con el pretexto de hablarle dándole ánimos a seguir viviendo y no dejarse acojonar del presente problema que en su familia estaba suscitándose “Stéfano tranquilízate sé que este momento es duro para ti pero debes de reponerte lo más pronto posible, anda vístete o si no quieres no lo hagas y espérame que yo sí me voy a cambiar” “Gracias, por escucharme no sabes cuanto me sirves en este momento, el apoyo que representa el que estés ahora aquí” ”Okey Stéfano ¿me esperas entonces?” “Cuánto te vas a demorar” “Una hora asumo, nos vemos” “Nos, vemos…”

El pobre de Stéfano fue a su habitación a secarse las lágrimas a afeitarse una sombra en la barbilla y a ponerse una fina vestimenta para estar a la par con la belleza que seguro él pensaba que Yelena iba a reflejar, había pasado 45 minutos y el triste Stéfano va donde ella, cuando llega se para justo frente a la puerta para proceder a llamarla pero se acordó que su cuerpo no olía a las fragancias que ponen a las mujeres a no dilucidar tanto el físico masculino, volvió a la habitación, sacó su maleta donde estaba el frasco de “Hugo Boss” y se lo roseó en el cuerpo por donde más pudo procurando no estar escandalosamente oloroso, regresa al cuarto de la asediada chica, la llama pero esta no contestaba, Stéfano se llena de impaciencia la sigue llamando hasta que logra involuntariamente de un empujo abrir la puerta, este entra a ver qué era lo que estaba pasando y solo inmiscuye en la sala, no iba a ser tan atrevido en entrar al dormitorio y al baño, no quería pasar el “oso” de que ella esté dentro y de cabida a miles de interpretaciones de índole abusivo por parte de Yelena, da una vuelta de 360º viendo para todos los lados y ángulos al parecer el interés ya no era encontrarla sino cualquier cosa, esta cosa fue la computadora que estaba encendida con el monitor apagado, aparentemente ya tenía rato así, Stéfano presiona una tecla y el monitor se prende mostrando algunas ventanas de MSN abiertas con zumbidos y mensajes, justamente el que estaba visible era la ventana de la conversación que la había empezado Mario, esto a Stéfano lo llena de curiosidad y empieza a rodar toda la secuencia de mensajes de abajo para arriba observando si este individuo tenía que ver algo con Yelena, seguía espiando hasta cuando a lo lejos escucha el sonido de unos tacos, los hombres tienen un sentido instintivo para lograr captar con eficacia la melodía del caminar de una mujer esto lo desarrollan con la misma madre cuando trabajan o cuando se van por cualquier motivo de la casa por solo segundos, llega el momento en que tiene que regresar y el solo escuchar el sonido de sus pasos al hijo se le puntillea la piel y corre a verla, Stéfano a su edad tenía el oído fino a pesar de que ya antes había escuchado los tacos de Yelena, sabía que esos pasos eran de ella entonces inmediatamente solo alcanzó a fingir que él no había tocado nada mientras estuvo metido en el departamento, la espiada entra y se sorprende al verlo a Stéfano sentado en el mueble con su mirada meditabunda esto hace quebrantar a la señorita que se acerca a decirle palabras de motivación, este acepta los suaves consejos y al mismo tiempo se acercaba sin que Yelena perciba tal aproximación hasta el punto que sí se daba cuenta, en ese momento la disimulación era competente. Salieron juntos, en pareja, no agarrados de la mano pero si conversaban muy amenos gracias a la iniciativa de Yelena por sacarlo de ese trago fuerte a Stéfano, bajaron a la recepción en donde habían organizado una velada estupenda con buen vino y selecta música, ellos al entrar parecían cualquier pareja de amigos pero Yelena se sentía desubicada ya que lo que estaba haciendo comenzó tan solo por compasión, Stéfano fue a ver una copa de vino para su acompañante y ella lo acepta con su sonrisa al mismo tiempo que estiraba su brazo para alcanzar la copa y desvía su mirada a cualquier situación trivial de la fiesta, Yelena ¿quieres bailar?, Está bien, déjame poner la copa en la mesa, en cuanto se daba esta corta ceremonia entre los dos, a Stéfano lo invadía la situación misma del momento este que era el que iba a bailar con Yelena, inmediatamente irrumpe la cintura del lado derecho, la mano del izquierdo y empiezan a moverse al ritmo de la melodía sensual que en ese momento estaba entonando la orquesta, evidentemente ya Stéfano había avanzado demasiado, comparando con la consideración que la señorita Córdova le correspondía antes, y de esta manera pasos iban y venían miradas se impactaban en sus iris, paraban momentos de bailar se iban a conversar regresaban al baile todo el tiempo tomaron vino y se emborracharon, llegó el momento en el que Stéfano empezó a rendirle tributo al grado del alcohol del vino y la distorsión era su amante en ese momento Yelena lo veía y no lo veía, quería estar con él pero al mismo tiempo no, Stéfano ya vámonos, acompáñame hasta mi departamento y de ahí te vas al tuyo, Claro Yelenita yo te llevo a donde quieras, “Yelenita” que no estaba tan sobria se reía del comportamiento de Stéfano, subían los dos los escalones como si cada uno fuera un reto escalarlo, seguían ascendiendo hasta llegar la habitación de Yelena que presentía que había gran probabilidad de que Stéfano le propusiera entrar con ella, Yelena me gustó pasar contigo este momento me has aliviado este dolor el cual estaba pasando por la tarde. No sabes cuanto te lo agradezco, Yelena se sorprendió de tal actitud, con mucha vergüenza entró a su cuarto y se despidió.

Stéfano jugó las cartas de una manera inteligente, la puso a Yelena en jaque, pero ella no caviló mucho en esto y fue al computador a ver quien estaba conectado, se acuesta sobre la cama con el vientre abajo, alzando su tronco con la ayuda de los codos que sirven como pilares y a la vez le dan el ángulo perfecto a los brazos para que las manos con sus dedos puedan teclear en la computadora pero antes de todo esto, mueve con el índice derecho el cursor del Mouse para proceder en toda la logística informática para así abrir la sesión del Messenger y ver quien está conectado, entre tantos el primer contacto en enviar un zumbido es la mejor amiga de ella quien le reclama tildándola de ingrata, Martha: Oyeeee dond estas te he llamado y no cntestas, Yelena: Mi vida, ja ja disculpa esq estba en una reunión de trabajo y dejé el cel en el hotel, estoy en Galapagos”, Martha, Yelena: aahhh martha ya disculpame jeje, me voy tengo que levantarme temprano porq mañana sale a las 7 30 el avión para Guayaquil, cuidate un beso chau, Martha: Cuidate yelena acá me cuentas todo me llamas cuando llegues para ir a verte, Yelena: ok bye,

Yelena sale como desconectada cualquier mensaje que le envíes le llegarán cuando inicie sesión. Enviar un mensaje de correo electrónico a este contacto en su lugar.

Yelena se levanta por el estruendoso sonido electrónico del teléfono, saca su mano de la sábana y rápidamente alcanza a tomar el auricular, ¡Alooo!; Señorita Córdova le informamos que está siendo esperada en planta baja para tomar el bus al aeropuerto…, no dijo nada solo colgó el teléfono y algo similar a un pasaje pasado de este cuento, empezó a vestirse con una rapidez histriónica hasta lograr la meta de solo retrasarse cinco minutos, con tanto lío adjunto a esto, finalmente parten para Guayaquil en un viaje rápido que no tuvo contratiempos por la demora de la única mujer que iba en el grupo de tres, en el cielo por encima del Pacífico Stéfano iba en el mismo puesto con Yelena, iban conversando y riendo con los chistes y cuentos de él, pero ya llega un momento en el que ella quería su privacidad para meditar, o simplemente pensar en algo banal que la desconecte de la tensión del viaje, y se lo daba a notar a Stéfano que entre darse cuenta de lo obvio e ignorar el mismo defendía su actitud de conquistador, la misma falta de argumento o el haber agotado la gasolina al motor hizo que se quedase callado, y tal agotamiento no estimuló en lo mínimo la atención sincera de Yelena que en el último de los casos se quedó dormida.

Entre viaje, abordada y trámites todos en una hora estaban ya listos para ir cada quien a sus casas, esto lo iba a hacer Jacinto que estaba fiel esperando, dejan a Stéfano y al Padre que son recibidos con la calurosa bienvenida de “la Señora”, Jacinto emprende camino para dejar a Yelena y este la veía del espejo delantero, podía notar una expresión elocuente de ocio, de coraje, de irritabilidad como para poder pensar que mejor es no preguntarle nada al respecto no vaya a ser que él salga mal parado en tal intención, Jacinto la deja y sigue por la perspectiva impactando el punto de fuga y perderse de la vista de Pancho que estaba ahí, él había escuchado el motor de la furgo y el sonido los tacos por el compás de su caminar, qué agitado debió estar el cuerpo de él en ese momento, Yelena marca el numero del celular de Marta -su amiga- a la vez que se sacaba la pegajosa ropa pero este timbraba una, dos, tres, múltiples veces y no contestaba hasta que sale la estúpida mujer del contestador la misma que escucharemos toda la vida y no envejecerá ni morirá, será el ente inmortal como todos los entes que se inmortalizan gracias al facilismo del Ser por vivir, por recibir la carne masticada y babeada hecha bolo alimenticio para finalmente con cara similar a estar en el botadero de basura deglutirla con la mayor conformidad posible. Se acuesta a su cama con el ánimo de descansar, al parecer esto de descansar es una utopía para Yelena porque en el instante recibe una llamada, ¡Hola!; Hola cómo estas soy Mario, te llamo para saber si quieres salir hoy; Sorry amigo lo que pasa es que recién llegué de Galápagos y estoy molida; A ok, no te preocupes… y mañana te puedo ir a ver para ir al cine; Déjame pensarlo llámame mañana, Está bien, cuídate chao; Ok bye

Ella hace el itinerario de su día ya en la noche antes de dormir deja listo su uniforme para no tener contratiempos por la mañana, pone el despertador y se duerme.

En el trabajo al llegar en el momento de marcar tarjeta, lo ve de frente a Stéfano, sería la ultima vez que él iba a ver frente a frente el par de iris de de ella, se dirigió rápidamente a su cubículo y se encerró en su propio Ser sin tomar en cuenta a nadie que se le pusiera cerca, pasó algo de tres minutos hasta que ella esté sola, y empezó a trabajar como todos los días. Media hora antes de terminar la jornada llama Mario preguntándole sobre la propuesta que le hiciese ayer, Yelena le respondió que sí, que la vaya a ver a la salida del trabajo, a los cinco minutos de esta llamada recibe otra llamada era Martha diciéndole que a las 5:30 iba a ir a su casa, Yelena tenía dos propuestas la de Mario y la de Martha y obviamente iba a pesar mas la de la mejor amiga, entonces se propone a llamar a Mario para decirle que no podía, pero al alzar su cara ve a un chico parecido a un espantapájaros al estilo grunge, esto hizo alarmar a Yelena sin pensar si este podía ser Mario o no, de hecho ella intuyó y sí era él, que se acerca, Hola, eres Yelena; Sí, Soy Mario, hola; Hola como estas, Bien y tu, aquí preocupada q una amiga me está esperando en la casa;¿ Ah, tienes que ir?, Sí…; Bueno no importa otro día será, Disculpa amiga de ley que en otra ocasión salimos, ok bye.

Mario con cara de decepción se va escupiendo el suelo, Yelena se apura al expreso que ya estaba por arrancar, Jacinto le pitaba con una melodía increpadora, Yelena corre y sube.

Empieza a arreglar cualquier desorden en su sala y dormitorio, prevé que los baños estén limpios una vez todo concluido, mira su reloj que eran las 5½ de la tarde y que ya iba a llegar Martha, no la iba a recibir sin nada, ella sale a la calle con la ropa que tenía de estar en casa, una falda rosada y una blusa blanca con el cabello tirado a cualquier lado, iba a la tienda a comprar snacks y una cola, cuando regresa a la casa algo no parecía estar bien, ella miro a todos lados como que su intuición algo le decía, pero no le dio importancia y entró. Ella no iba a salir más hasta el siguiente día por la mañana para trabajar…

jueves, 3 de septiembre de 2009

Bar


La luna escala las nubes

al mismo tiempo que cae el alba.

Los cuerpos se excitan y salen de sus casas

para deambular en el pavimento oscuro por la penumbra

En peculiares sectores las casas encienden colores

sin necesidad que sea navidad

jadeando cerca de las casas luminosas

las feromonas incitan y se dejan percibir

por el mínimo olfato fino de los seres noctámbulos

Los seres humanos entran

iluminándose sus caras en el ocaso interno;

mientras las mujeres pintan sus piernas y pechos

los hombres las someten con sus miradas,

en aquel momento: la fusión de ambas tentaciones,

Paralelamente se acercan el hombre y la mujer

se convergen en sus perversiones

pero no lo hacen, el hombre no lo ve prudente

y la mujer no quiere darse fama de zorra,

él da la iniciativa solo con el hecho de mirarla,

ella parece no mirarlo, solo lo hace a cualquier lado

cuando la hembra gira su rostro, ¡lo ve!

él cual fuere una olla de testosterona hirviendo.

Le insinúa un trago, sin dudarlo lo acepta

en medio de la marea de gente ellos están anclados

siendo el todo solo plantas y viento

cuando el beso entra a actuar en la escena

la mano improvisa una tocada de tetas

el termómetro invisible bajo la lengua de ella sube su temperatura

La oscuridad es casi tangible, y ellos se sienten solos

Esa música bohemia parece escucharse desde muy lejos

no solo una mano está en la teta,

la otra entra por un espacio entre las piernas y la falda

a la vez el rostro masculino se imanta al hierro femenino

para llegar a chupar el labio inferior sabor a cereza cosmética

Labios ajenos chupándose mutuamente,

singular mano copada de convexa forma,

inesperada insatisfacción femenina

como serpiente “mansa” acariciada dudosamente

pero esta no muerde al cuerpo si no al ego

jueves, 30 de julio de 2009

TuSíPeroNoYo

Hoy en día el amor se está desenmascarando tal cual como es en todos sus ángulos y voluptuosidades, conozco a la gente sus mujeres y hombres.

Con este pequeño prefacio doy pie a la historia de un hombre cuya capacidad de amar iba más allá de los parámetros normales de la sociedad…

Andrés Lalé.

Viernes 16H00, Alberto sale de su trabajo con el típico rostro húmedo-meloso del día laboral, su cara de soledad perpetua se captaba a kilómetros evaporando gotas de sudor en la temperatura residual del ardiente pavimento de atardecer guayaquileño, caminaba a la estación del Metro esperando la ruta que le convenía para llegar a su hogar. Dentro del metro el ambiente hostil de brazos sudorosos y olor a axila que emula los más intensos ambientales nunca antes producidos y la solicitud de permiso de cada hombre hacia una mujer para pasar al otro lado, aprovecha al sobarle trasero con el promontorio de su pantalón y encajarlo perfecto en la hendidura que ofrece la unión de los glúteos femeninos… Esto era del gusto subjetivo de Alberto, no obstante él denunciaba mucha timidez en su expresión, arrimado en una esquina no podía domar su mirada porque se desviaba hacia algún escote al azar, pero su preferencia no tanto era el escote sino el dibujo lineal que las mujeres exhiben en la parte posterior cuando usan jeans descaderados, para Alberto no había mejor hobbie que aquello, ya terminada su experiencia de transporte-erótico en el hogar estaba su familia esperándolo siempre sin nada, allá… lo que Dios quiera, Alberto comía o no, entonces él tenía que llenar el buche de algún modo, medio se hacia una “tortilla de huevo”…

Los días laborales estaban circunscritos de rutinas como vestirse para ir al tedioso trabajo, aguantar los complejos y privaciones convertidas en superioridades seudo aristocráticas de su jefe, ver las piernas celulíticas de su compañera secretaria, el sonido martirizante de los teléfonos... Alberto tenía el puesto de asistente el cual lo aprendió en la practica, cuando se graduó de Bachiller nunca había pisado La Universidad, gracias a una palanca[1] que le consiguió el tío fue que entró a ese puesto que es el de los empleados menos explotados. Al cumplir tres años en esta empresa no sabía qué era un momento de descanso, ni siquiera tener una novia aparte toda su familia era poca afectuosa por ser eufemístico decirlo así, en Alberto no había peor vacío que ese por eso la envidia lo corrompía cuando en la calle veía abrazos, besos, caricias… no era bienestar para él presenciar eso, antes de ir al metro a mitad de camino siempre iba al Cyber a ver su email, en su trabajo tenía tan poco tiempo que escasamente conocía las alternativas del Internet por este motivo en su correo solo recibía mensajes de promociones y tonterías en cadena, él sabía algo referente al MSN, Facebook, Hi5 y otros links de grupos sociales.[2]

Alberto arremete a la sociedad por medio de la red “y lo hace” pero el éxito fue menester en esta ocasión aun así seguía intentando esas orgías visuales porque que él necesitaba compañía ya sea por afecto o por sexualidad, esta ambigüedad no estaba adscrita en la perspectiva de Alberto para descifrarla en ese momento. Él no tenía amigos y su ánimo sucumbía tanto hasta llegar a la infame decepción de lo nulo, Alberto quería más allá de lo tangible-fantasioso deseaba comer carne de sangre caliente y olor a mujer.

Saliendo del Cyber…

Tengo que regresar a la maldita casa…

Y escuchar a mi familia, sus problemas…

¿Qué hago para merecer esta soledad?

Este tipo de cuestionamientos sufría Alberto obsesivamente, era viernes y no estaba mal ir a un bar a desahogarse, esto produjo el desasosiego por las ganas reprimidas de amar y ser feliz, todo comenzó así…

Terminada de comer la “tortilla de huevo” Alberto va a su cuarto a bañarse y a vestirse para la ocasión, la ocasión no era extraordinaria solo era una salida al azar -lo que salga- Alberto poseía mucha predisposición de entrar a una discoteca y bailar así sea solo sacar esa nostalgia que lo tenía poseído, en ese momento sintió un contraste producto a la falta de costumbre y a la monotonía que lo tenía sedado y privado de vivir, “vivir evitando la vida” eso era lo que padecía por años… Mientras tanto él tazaba[3] qué chica estaba con posibilidades o voluntad para bailar, descubrió una buena voluptuosidad era una chica que encajaba perfecto con su mujer ideal, no desaprovechó su descubrimiento sumando la ansiedad que lo tenía acorralado sentía urgente la necesidad de conocerla y buscar el nexo que sea posible para estar con ella. Con mucha expectativa en sus ojos le propone bailar, la mujer lo mira, primero sus ojos después su contextura de arriba hacia abajo, su ropa para notar el look que él lucía… después de tanta auscultación visual ella le dice que “no”, Alberto queda anonadado con mucha vergüenza imaginando cientos de miradas burlonas achacándolo de inexperto, esto lo hizo salir del antro a paso acelerado sin poder respirar normal por su anudada garganta

¡Maldita sea la vida! Dios, por qué no puedo sentirme bien, siempre es algo, si no es lo uno es lo otro, no me siento normal como todos, feliz como todos, hasta cuándo esta vida insípida que llevo…

Alberto estaba tirado en un asiento público mientras profería estas delirantes palabras, de noche este tipo de escenas un tanto comunes en la ciudad, borrachos explayando sus sentimientos a quien sea, siendo que la conciencia de cada ebrio es estar solo en un cubo sin personas, sin animales, sin agua, sin planeta, sin nada, lo que le permite movilizar su cuerpo al antojo sin la represión llamada vergüenza o pudor. Alberto no está conforme necesita urgente embriagarse más, piensa que más alcohol estaría estupendo para no sentir el dolor del rechazo… tras una larga noche de tragos tambaleándose llega a su casa sin querer hacer mucho ruido pero no le sale la intención, todos sus movimientos eran desmesurados botaba todo lo que pensaba que era algo útil para arrimarse y sin querer llega a una planicie acolchonada precisa para dormir

Alberto, levántate qué haces botado en la ropa sucia, ¡sal de ahí! Encima vomitaste toda la ropa en qué “antro de perdición” te has de haber metido, qué porquería estarás haciendo…

Mamá, por favor ya déjame vivir hasta cuando lo mismo, ya tengo veinticinco años y te sigues preocupando por mí como si yo fuese un niño. Solo molestas con cualquier tontería me alteras ¡no puedes hacer tu vida como si yo no existiera!

Entre Alberto y su madre empieza una batalla de palabras, palabras de culpa, palabras de resentimientos, de rencores… habían acumulado tanto estrés durante veinte años, lo suficiente para hacer este cuento dramático. Alberto abúlico en la vida por todos las nefandas vivencias se miró al espejo, veía sus cejas y no las sentía que estaban bien y buscó una pinza para alineárselas, se miró la boca y creía que los labios los tenía gruesos, se miró el cabello y notaba que estaba reseco con caspa y cayéndose, se miró los brazos y pensó que no estaban en forma, se miró la nariz y dedujo que estaba chueca y convexa al mismo tiempo conscientemente pensó fantasiosamente operársela, por último se mira todo el cuerpo desnudo completamente, abre el armario y saca una camisa manga larga un poco floja con relación a su cuerpo, y un jeans normal ni flojo ni ajustado, inmediatamente se dirige al cuarto de su hermana a ver el neceser el cual lo abre y saca un delineador, se esfuma rápido antes de que lo pillen en el trayecto mientras llegaba a su cuarto, al llegar entra cierra la puerta corre el picaporte, espera un rato arrimado a la puerta hasta que regularice su respiración, inmediatamente agarró un espejito y empezó a delinearse los ojos sin motivo de hacerlo ni pensamiento que dé antesala a aquello ¡nada! solo fue un impulso, después ya con los ojos maquillados lentamente cae en el suelo apoyando primero sus rodillas y después sus brazos sobre la cama, la posición en que quedó Alberto lo hace alzar la cabeza mirando la pared (no necesariamente pensando que mira la pared, solo miraba) observaba de nuevo el espejito dándose cuenta que el delineador estaba chorreándose por sus mejillas de para y da vuelta en dirección al baño para tomar una sábana y limpiarse el accidente cosmético, nuevamente se delinea y se ve en el espejo (en el espejo no en el espejito)

-Media vuelta a la derecha- Alberto mira su cuerpo de perfil.

-Media vuelta a la izquierda- Alberto mira su cuerpo de perfil

-De frente- Alberto mira su cuerpo desde su frente hasta sus zapatos

Mmm... algo falta

Corre al dormitorio de la hermana agarra el neceser lo abre mira el Polvo lo tira, caen todos los cosméticos al piso Alberto vuela a su habitación cierra la puerta con picaporte se arrima a la puerta respira profundo, hasta tranquilizarse otra vez respira profundo, esta ocasión ya tenía calculado evitar cualquier negligencia y sí sacó de su mano un cojín con polvo (hecho con la tela de la piel de los peluches) lo envainó y lo aplicó en todo el rostro, va al espejo y se mira

Ahora sí me veo perfecto

Sacó el espejito y se deleitaba viéndose lo liso y equilibrado que tenía el cutis, se acostó en la cama para seguir con el morbo obsesivo de deleitarse espectando la supuesta belleza que irradiaba, pasó así cerca de cuarenta y tres minutos, Alberto estaba drogado de la experiencia estética que le producía ver la nueva apariencia de su cara…

¡Toc! ¡toc!

¡Alberto!

Sí mami, dime

Abre, que van a entrar a tomar las medidas de la reja de la ventana, y hacer los huecos

Alberto se disparó al baño a lavarse la cara con abundante agua, mientras su madre lo apuraba que abra la puerta…

Ya voy, ya voy madre

Qué tanto te demoras

Alberto abre y entra la mamá con el joven que va tomar las medidas de la ventana, aquel chico era alto, delgado pero tenía sus debidas voluptuosidades, ojos negros como un capulí, su rostro trigueño perfecto sin ningún púber accidente, cabello negro ensortijado, sus trajes se ajustaban a su delgado cuerpo y poseía una sonrisa que emulaba a la barita de la más temida hechicera, Alberto lo ve atentamente desde que entró por la puerta hasta cuando se dirigió a la ventana, el Joven se sentía un poco raro, reacción normal de estar en una casa totalmente desconocida y para variar un hombre que lo mira fijamente, como todo un profesional saca el flexómetro y empieza a tomar las medidas correspondientes, la madre lo llama a Alberto y le dice de carácter extremadamente confidencial con un tono de voz que sonaba como cuando alguien sopla una vela

Quédate cuidando que ya regreso cuidado ese chico se roba algo

Bueno mamá

Alberto y el Joven quedan como únicos seres vivientes (sin considerar los microbios) en la casa, el anfitrión le pregunta al Joven si quiere algo de tomar y él acepta, va rápidamente a la cocina, abre la refrigeradora mira para abajo para sacar la botella de cola[4], la sirve en el

vaso de plástico no en el de vidrio por tratarse de boca ajena, llega al cuarto le da el vaso extendiendo su brazo ofreciéndole la bebida, el Joven le da las gracias competentes y lo mira, al mirarlo se da cuenta del delineado de sus ojos, este no le dice nada solo pone cara de estar sorprendido y sigue haciendo el debido estudio para poner la reja de la ventana, agarró el combo y el cincel para hacer los huecos donde entraría las patas de la reja, al hacer esto por el peso de combo hace ejercicio en los brazos del joven los cuales se empiezan a hinchar terminado el primer hueco

¿Estás cansado? Quieres otro vaso de cola

Está bien gracias

Alberto regresa con la cola, y extiende su brazo mientras el joven también lo hace, para él es inevitable verle los ojos delineados, y empieza a deambular por su pensamiento incógnitas, no le dio más importancia a eso y prosiguió al segundo hueco para la reja, Alberto seguía mirando como los brazos del Joven se hinchaban, al mismo tiempo pensaba algo, sacudió su cabeza y prendió un cigarrillo con la intensión de no pensar. El joven lo miraba de reojo mientras trabajaba -eran los ojos de Alberto- no se reía porque no le resultaba jocoso, a lo mejor estaba preocupado por estar solo con el “Chico de los ojos delineados” dentro de un cuarto, había ciertas posibilidades que pensaba con respecto a Alberto lo cual lo inquietaba mucho.

-Tercer hueco terminado-

Disculpa, me puedes dar otro vaso de cola

¡De ley! dame el vaso para llenártelo

Alberto lleva el vaso y se lo da, esta vez los dos se miran fijamente a los ojos, cerca de dos segundos quedan congelados y cada uno procede a hacer el último hueco y a vigilar sentado en la cama…

-Terminados los huecos-

Ya me voy, le dices a tu mamá que regreso mañana por la mañana a poner la reja

Está bien no te preocupes, yo le digo

Se estrechan las manos y el joven no se puede resistir en volver a mirar el delineado de ojos de Alberto…

Aquel día era sábado, al igual que ayer también era bueno salir a hacer algo por la noche, pero como ya Alberto había salido llegando borracho y con la mala experiencia pasada no quería saber nada, por todo esto decidió relajarse y seguir acostado.

Por la noche.

¡ring! ¡ring!

Alberto contesta rápidamente

¡Hola!

Alberto, hoy es el cumpleaños de Karen la secretaria de gerencia, quiéres venir

Pero yo no me llevo con esa man[5], encima como es lesbiana ni en cuenta me ha tomar

No importa, ella invitó a todo el mundo, además la man es todo bien, no seas aburrido, sale ¡vamos!

Ok, está bien dónde es

Es en “Vulcano”[6]

!!Qué!! y qué vamos a hacer ahí

La man tiene amigas que no son lesbianas y están riquísimas

Perfecto me apunto, yo voy para allá

Bacán broder[7], topamos[8] ahí.

De la nada surgió una oportunidad de divertirse para Alberto. Llegó la noche y el ambiente estaba propenso para que suceda algo bueno, salió a la farmacia a comprar un gel, una rasuradora y una peinilla, luego en el baño empezó a adornarse tomando en cuenta el mínimo detalle que exigía el último movimiento de la moda, Alberto imaginaba cómo podían ser las amigas de Karen la secretaria.

21H00.

Mamá, ya voy a salir chao

Llevas cédula, llévala que están haciendo batidas

Sí mamá tranquila que sí llevo la cédula

Vaya con Dios hijito, chao

Hecha la bendición en la cara de Alberto, este llama a un taxi y le informa a donde se dirige, llegan a mutuo acuerdo del precio de la carrera y se van, una cosquilla lo invadía en la barriga a Alberto cuando llegó al lugar este respira profundo y decide entrar, adentro en el ocaso divertido y bohemio de La Disco, no veía a nadie, él estaba ansioso por ver al grupo de amigos que iba a encontrarse, recorre toda la discoteca y no ve a nadie conocido, lo que sí empezó a recibir fueron piropos y pretensiones de chicos, estaba poniéndose todo un poco embarazoso, los segundos eran tortuosos como si una piedra los trababa para que el tiempo siga su cause, Alberto se asustaba cada que alguien se acercaba y decide no quedarse parado tanto tiempo, mientras caminaba veía como entre hombres se besaban, abrazaban, reían y divertían, Alberto se predisponía a pensar que todos eran seres humanos muy felices, lo cual sintió envidia, al notar que nadie de sus amigos todavía llegaba fue al bar a comprarse una cerveza con el ánimo de relajarse, pero Alberto no se conforma con tan solo tomar un cerveza sino que se atreve a ir a bailar solo a la tarima, para moverse y salir del aburrimiento, justo sale la canción de moda, la canción del momento y Albertito se prende meneando su cuerpo al ritmo de las vibraciones de la música emanada de los inmensos parlantes.

Él bailaba y se sentía tan augusto hasta que dos brazos velludos y trigueños lo atraparon a Alberto por detrás y al mismo tiempo descendían los dos al ritmo del baile, Alberto estaba en realidad asustado pero el individuo de atrás más astuto acerca sus labios al oído diciéndole

Yo sé que esto te encanta, no te hagas la que no

Y concluyó chupándole el pabellón de la oreja, Alberto se gira y le ve el rostro a este individuo.

Qué te pasa chuchetumadre[9], maricón maldito hijueputa[10]

Alberto sale despavorido de la discoteca agitado con mucho asco llama a un cigarrillero y le pide un tabaco, empieza a fumar paga veinticinco centavos y espera el vuelto pero el vendedor le explica que cuesta veinticinco, Alberto lo mira no tan bien y saca de su bolsillo cinco centavos más y le pide un caramelo de menta, concluida la transacción ve su reloj y se da cuenta que todavía es temprano, después de lo sucedido él solo quiere ir a su hogar, como era temprano el Metro todavía funcionaba, paga su pasaje en la estación y dentro ve a chicas con faldas y con pantalones a la cadera viéndolas fijamente, al mismo tiempo que las ve recibe una llamada

¡Ring! ¡Ring!

¡Hola!

Alberto te estamos esperando, qué pasó ¿vas a venir?

¡No!

No paraba de mirar

Pero por qué no vienes qué paso

La verdad, es porque lo único que amo es “ESTO”

FIN

______________________________________________________

Nota: Todas las letras de este cuento y de todos los que Lalé hace son con la intensión de reinventar la realidad, no para expresar parcialidades referentes a la percepción moral o amoral del mismo, quien se sienta aludido no es intención de Lalé aludirlo. Lalé es partidario de la felicidad en toda forma de vida.




[1] Ecuatorianismo: Especie de gancho o influencia que una persona utiliza por medio de otra que esté en posibilidades afectivas con los responsables del bien de la primera persona.

[2] Paginas Web, cuyo servicio es facilitar intercambios de patrones entre personas en común

[3] Tazar: Guayaquileñismo: Acción de ver, buscar, descubrir o intrometer

[4] Ecu: Sinónimo de la palabra gaseosa

[5] Ecu: Dícese dependiendo del pronombre, a una persona femenino o masculino: La man, El man, los manes

[6] Ecu: Discoteca de homosexuales y Lesbianas o todo tipo de manera alternativa de vivir

[7] Extranjerismo castellanizado: Brother.- Hermano

[8] Ecu: Coloquial Dícese de la expresión: Nos vemos. II Encontrarse a alguien. “El otro día topé con Diana”

[9] Ecu: Insulto vulgar que significa evocar la vagina de la madre a quien se le profiere el insulto. Contracción fonética de la frase “Chucha de tu madre”

[10] Ecu: Contracción fonética de la frase “Hijo de Puta”