viernes, 2 de enero de 2009

I
Durante una tensión predestinada,
muchas veces la percepción recorre más de lo normal,

Y en algún momento prudente una mirada es definitiva, lo ideal es entregarse a la intención.

La ambición de un placer
contradice pretensiones angelicales,
manoseando en el ardiente infierno rodeado por el arcoíris,

Aspirando aliento, comprendiendo reacciones producidas,
que no siempre son espontáneas…

La frialdad de un cálculo, símil a una águila
apuntando su presa, compartiendo lírica a lo desconocido
dejando el engaño como placer desaparecido detrás de las montañas.

Es la inocencia cuyo niño yace encarcelado, yendo de la mano con su tristeza,
opaca inevitable dulzura.

Sin desprender telas lo anhelado llega pertinente,
con un silbido cómplice,
de emociones descansadas…

Al final todo se vuelve monótono, cíclico, perturbado
de sensaciones vecinales…


II
Respirando profundo dejando el recuerdo como gloria,
sin dejar vencer a la ansiedad, amigos y compañeros…

Llegando al noctámbulo,
las redes caen sobre la tranquilidad,
y el añoro de algún destello de felicidad,
solamente es ilusión.

Se gasta papel blanco con pretexto de sacar lágrimas,
consuelo de malviviente iluminado por caídas.

Fingida muerte se encarna con misterio,
muy coqueta, moviendo sus caderas,
vestido rosado con aroma a jazmín.

El alba se encima con el bajón del éxtasis,
y el viaje a la sabiduría inspira tinta…



Andrés Lalé

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