miércoles, 18 de febrero de 2009

¿La flecha o la saeta?


Del territorio que sea, del ambiente cualquiera, no importa si es de día o es de noche, si hace frío o calor es banal…

Un día fue talado un árbol y llevado a una fábrica cualquiera, donde solo sirvió de materia prima para la génesis de una saeta. La saeta fue llevada al lugar donde venden armas homéricas allá tal lugar excéntrico donde los fantasiosos van a comprar, y va uno de esos los mismos ilusos de siempre y pide una saeta para su arco… prosiguió sendero a su morada, entró se sentó la sacó la pulió… inspeccionó el largo de tal flecha si tenía filo cortopunzante, esto deprimió a tal hombre al punto que lo hizo llorar, sacaba filo a su saeta y lloraba símil a cortar cebollas:
— ¡Esta flecha no corta treinta centavos de queso!...
— ¡¡Mierda!! Por qué, no puede suceder esto ¡por amor a Dios!
— !Ay, ay, ay, ay, ay! mi flecha, por qué no cortas… deberías hacerlo mi pequeña, por papi, si mi amor por papi que te quiere, te desea, te quiere enterrar en una cabeza.

Terminó su intimidad con dicho objeto y se acostó a dormir. Al levantarse histriónicamente fue con mucha ansiedad a ver su flechita como si fuese un niño yendo a ver juguete nuevo, sube a la terraza donde coge su arco y envaina la saeta la tensa y suelta sus dedos dejando libre la saeta que se aloja en la cabeza de un desgraciado que se atravesaba en el amargo destino de su suerte.

El joven cae, no sangraba, ni se hinchaba solo cayó, llegó la ambulancia:
— Apártense señores
— Signos vitales: Normales
— Estos chicos de ahora, ya ni una flecha enterrada en la cabeza aguantan
— Llevémoslo al hospital

Llegando a emergencia, este joven reintegra su conciencia, levanta, ve a todos quienes se le empiezan a burlar:
— Míralo, que flojo, tanto llora si tiene solo una flecha enterrada en la cabeza; !ja, ja, ja, ja!

Llegó el doctor:
— A ver mijito deje ver la cabecita… si no es nada, solo unas tomografías y ya mañana va a su casa, tienes que pagar emergencia…

Tres meses después…
La saeta empezaba a molestar la silla turca del hueso esfenoides del joven, la punta rozaba casi con la hipófisis, esto pereciera una bomba de tiempo para el joven pero al no pasar nada por tanto tiempo, lo único que lo llenaba al joven era de paranoia.
Y aunque todo esto lo molestaba al joven él tenía que hacer vida, relacionarse a pesar del intenso dolor, a pesar de que su cabeza empezaba sangrar, de que no dormía nunca por el estrangulamiento de la palanca que hacía el palo de la flecha con el colchón; “él estudiaba” por lo tanto el contacto social era latente, había que corresponder a su contexto… hasta que el joven se hartó:
— No aguanto más esto, yo nací sano dios ¿¿por qué??
— He creído toda la vida en ti, me has demostrado tu existencia tan solo por las coincidencias positivas en mi vida.
— ¿Qué es esto?, no he hecho suficiente mal a nadie para merecer esto
— Padre ten misericordia de mi, yo te amo no me abandones en este dolor
— Amen…

Por la mañana, lo primero que el joven hizo fue a ver un serrucho y sin importar nada desgarró el extremo saliente de la flecha en la cabeza de él y dijo:
— “Hasta hoy viví esto”, voy a reintegrarme y a pesar de este dolor yo no voy a estar en los demás los demás estarán en mí.

De una manera insegura expresó el joven esto, como que supo que era solo un lapsus de motivación muy lejos de la realidad, pero lo sorprendente fue el valor que tuvo de mutilar el palo de la saeta, ya no se le notaba, a si que ese día por la noche justo era fin de semana salió a un bar donde había una fiesta de disfraces medievales, esto hizo que el joven saliera despavorido por dicho lugar con el apuro que llevaba su huida casi indescriptible llega a darse cuenta de una mirada que lo apuntaba a él muy seductora aquella mirada lo conectaba en un placer intangible., inmediatamente el joven se olvida de su dolor, fatuo la mira de la misma manera, haciendo escorzo su mirada:
— ¡Hola! ¿Está sola?
— No estoy esperando a una amiga.
— Ah… bueno hasta que llegue tu amiga te puedo hacer compañía.
— ¡Sí! Claro

Y lo demás se obvia, preguntas calculadas para vender una imagen de perfecto con defectos y virtudes, estrategia locuaz para ligar a cualquiera.
Tanto fue la calidad de estrategia que el joven con esta señorita se juntaron para compartir sentimientos, menesteres y cosas que las personas buscan de la otra.
Pero con una relación sentimental el joven ¿podría camuflar su defecto, su sufrimiento? No. No lo podía hacer era obvio él nunca estuvo preparado para tener una flecha en la cabeza
Un año después:
— ¡Ya estoy harta de tus dolores!
— Lárgate de mi vida, ni siquiera me tratas bien eres un amargado que piensas que todos te deben de tener compasión
— No me digas eso mi amor yo te amo
— No me jodas más, me buscaré un hombre normal, no un tipo que no resiste ni una flecha atravesada en la cabeza.

Y se esfumó en la vida del joven esa mujer que sustentaba su sufrimiento, a quien le lloraba en los hombros, a la que le limpiaba la sangre de la cabeza, a la que no dormía por soportar los dolores estertores del joven… El joven sin lugar a dudas tuvo una gran pérdida.
Conforme fue pasando el tiempo de soledad del joven este fue haciéndose un ermitaño, no quería ser querido ni repudiado, se ahogaba en abundancia de oxigeno, era él el que no se aceptaba, no se aceptaba porque la sociedad no lo entendía,
ya que solo él sabe que se siente tener una flecha atravesada en la cabeza.

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