domingo, 19 de abril de 2009

"Teodoro, el Lápiz samaritano"

Teodoro un lápiz que vivía en una cartuchera, lo solían sacar para que cumpla sus adscritas funciones: linear, sombrear, rayar… y de inmediato a la cartuchera, dependiendo en este caso del dueño pero el dueño de Teodoro acostumbraba mucho a guardarlo después de que haya hecho el más sórdido de sus dibujos o al primer envite de líneas para un boceto. ¡Oh! Pobre Teodoro el junto a Marcadores, Sacapuntas, Borradores, Bolígrafos quienes lo miraban a Teodoro con algo de envidia.

— Sí, yo no sé por qué para todo primero es él, de todos los Bolígrafos que estaban en la percha, ¡Por qué! Justamente el artista tuvo que agarrarme, ¿Para qué le sirvo a un artista?
— No digas nada, a ti por lo menos te usan para un apunte o en materias teóricas en la Universidad, ¡Yo soy el compás menos utilizado en el mundo! él no me quiere utilizar para ningún circulito, nada, todo lo hace a pulso, no hayo el momento de que me olviden, o que me dejen caer de esta claustrofóbica cartuchera.
— Se quejan, por lo menos no sienten la humillación de estar borrando las excreciones de ese pedante que encima de todo es un H que se queda penetrado en la hoja, por eso que mi vida cada vez es más corta y me veo más pequeño y redondo.
— ¡Sí, abajo los lápices!

Teodoro regresaba a la cartuchera después de unos largos trazos, todos bisbisean se miran entre ellos y marginan a Teodoro; Teodoro deduce o sospecha lo que está pasando pues no era la primera vez que esta escena acontecía, Teodoro muy ceñudo los ve.
— Qué bolcheviques que se comportan, igual entre todos nos consumimos es la normal Cadena Trófica de los materiales de dibujo, somos los protagonistas de casi todas las expresiones artísticas en su génesis o en su obra misma en toda la Historia de la Humanidad

Entre todos se miran, vuelven a musitar.

— ¡Vade Retro, los ojos de la Humanidad!
— No nos han tratado como nos merecemos, nadie cavila nuestra existencia

Teodoro empieza a hiperventilarse por el asombro del resultado de su pequeño comentario, por eso todos los materiales de la cartuchera iban a insubordinarse, súbitamente convulsionaban los materiales para poder llegar al filo de la mesa, y con un último esfuerzo se dejaron caer al suelo, por dádiva la cartuchera estaba abierta.

— ¡Libres! Sí, ahora qué hacemos. Sigan corran sin parar, lleguemos a la calle o por lo menos fuera de la casa y gritemos con desasosiego: ¡Somos libres!

Cumplieron su objetivo de estar fuera de la casa, al parecer para ellos todo iba bien en el contexto de su loca razón mejor llamada rebeldía, en frente venía caminando El Artista que se sorprende al vislumbrar por efecto del atardecer a los Materiales de Dibujo en esa situación paranormal, normal sería que él esté alucinando -pero el Artista era muy tranquilo con respecto a los vicios folklóricos- al dilucidar que todo es real el Artista retrocede en perfecto compás, pie izquierdo atrás -Siguiente segundo- pie derecho atrás (bis) junto a esto sentía como cuando uno transforma en un péndulo en el columpio y al descenso lo siente ahí en el estomago, la cosquillita. Los Materiales ya estaban al tanto de lo que El Artista experimentaba.

— Miren, lo tenemos inherente al pánico ja ja qué jocoso
— Sí, miren al nefando Artista

Entre ellos se adulaban casi mefistofélicamente, con esa aspereza propia de la ironía, mientras el Artista con miedo más de la rareza que por lo terrorífico que puede resultar este acontecimiento seguía perplejo sin saber como reaccionar, lo que hizo es ir a ver una hoja de papel bond y un tablero, corrió hacia Los Materiales, los quería coger y ellos no se dejaban, él quería burlarse de su desobediencia, iba a castigarlos con el motivo de su resentimiento tan solo ansiaba cogerlo al lápiz y rayar con toda la fuerza necesaria para romper su mina y hasta su cuerpo -lo paradójico que se ve este enfrentamiento es una ignominia para el Gremio Artístico-

— Ahí viene, ahí viene, ¡Ole! De nuevo de nuevo ¡Ole!
— Corramos todos que nos persiga, ruego un aneurisma.
— ¡Ahí viene se acerca! Corran por el amor de Dios

El Artista alcanza a coger al Borrador lo somete en el papel raspándolo hasta que quede en inexistencia, los Materiales seguían corriendo asustados de lo que le había pasado al Borrador pero estos no tenían la zancada tan larga como la del Artista, el compás alcanza a resbalar lo coge y empieza a abrirlo hasta desgarrar sus patas, ese fue el tiempo que el Lápiz y el Bolígrafo aprovecharon para esconderse en la rama de un árbol, el Artista los buscaba, él no estaba jugando, lampaba que estén en el patíbulo caminó el sendero que llevaba, husmeaba, veía y reveía presentía la presencia del enemigo escondido escudriñando el ambiente, cuando coincidencialmente en eje paralelo en tierra él y en lo alto una la rama del árbol los materiales, el escalofrío envolvía a la Pluma y al Lápiz, esto hacía que tiriten, por causa de esta acción la Pluma resbala y cae justo en los pies del Artista, este lo ve.

— ¡Te tengo!
— Aquí no ha caído nada de mí, si quieres destrúyeme y esto no querrá decir que mis ideales han degradado, si tu desabulia es matarme hazlo.
— No te voy a destruir, te necesito mucho, si no te hubiera encontrado tendría que comprar una igual a ti, prefiero no gastar vamos que me atraso a clases.

El Lápiz especta lo que pasó quedando ensimismado al darse cuenta de la soledad que en ese momento lo estaba envolviendo, no le cabía la razón del por qué pasan las cosas que estaban pasando, había defendido una causa que no era de él, ya no servía para el papel estaba en un árbol y este le dijo.

— Te acuerdas cuando eras parte de la piel de un árbol, te jactas de ser un lápiz has dejado alienarte defendiendo causas que no te pertenecen, ¿Qué sirve el arte? O ¿Qué sirve cualquier grafo que hagan con tu mina, si dentro de algunos pocos o muchos no tan lejanos años, seremos “La hoguera del Sol”

martes, 7 de abril de 2009

"Relatos de Ultratumba"

Tuvo que pasar muchas cosas para que Matías muera, pero este al fin murió
— Buenos días les saluda el Hospital de Enfermos, se les comunica el parte de hoy:
— Los muertos de hoy son:
— Bienvenido Acasa Zambrano Macías, Augusto Pedro Yagual Tomalá, Domingo del Cisne Seminario Párraga, Christian Atahualpa Quiñónez Foster, Matías Eugenio Buenamente Carabalí.

Todos lloraron, todos se lamentaron, ¡ululaban! es feo que un ser a quien se debe afecto esté encerrado sin vida en un ataúd, lloraron por Bienvenido lloraron por Augusto también por Domingo, por qué no por Christian… “eh qué pasó, y Matías” no había quien llore por él, pues no había tal, así de simple, pues ya la razón de ser de Matías no le compete a la vida sino a lo escatológico. Pero la escatología no lo iba a enterrar a Matías lo prudente era que su destino sea la Morgue, la Fosa Común o la Facultad de Medicina, nadie sufriría si las cosas son de esta manera…
— Buenos días les saluda el Hospital de Enfermos: Quien reconozca al occiso Matías Eugenio Buenamente Carabalí, proceda a retirarlo.
— …

No había quién, por qué el hospital se complicaría tanto con el destino de un muerto, no creo que sea por lo ético algo debe pasar,
— Señorita por favor me puede decir que pasa con este Hospital, por qué se complican con el destino de un muerto
— Lo que pasa señor Narrador, es que la Fosa Común y la Morgue están saturadas, y no se puede dejar que el Señor Matías de descomponga aquí en el Hospital sería un problema vasto.
— Gracias señorita…
— De nada señor Narrador

Ya contestada mi pregunta entiendo, pero qué van a hacer entonces tendrán que botar a Matías a la basura, y eso hicieron, estuvo casi tres horas ahí hasta que típicamente un cachinero husmeaba la basura donde estaba Matías por debajo de algunas fundas de desechos medicinales, el cachinero abría las fundas para ver algo de valor, cuando su impresión al ver una cabeza.
— ¡Diablos! Qué

El Cachinero hace empatía con sus recuerdos, parece ser que esa cara le evoca algo, lo mira con profundidad y lo que hace es cavilar sus formas, algo él recuerda, abre los ojos de Matías y los ve verdes, esto lo hizo al cachinero cristalizar sus ojos hasta que cayera una gota de lágrima en la frente de Matías.
— Qué sucede señor Cachinero, porque lloras y botas tus lágrimas en la frente de Matías
— Es que veo sus ojos y me acuerdo de mi hijo, el que murió ahogado porque no lo pude salvar, y no lo hice porque le tengo miedo al mar, mi miedo era intermediario entre la muerte de mi hijo el mar y yo. Él tenía los ojos verdes igual que este señor, es por eso que lloro señor Narrador

¡Ah! Ya todo se esclarece y toma forma, este cachinero lo coge a Matías, él sentía que no podía dejarlo en la basura y que tenga un destino incierto, lo monta en su triciclo de cachinero y regresa al Hospital.
— Señorita, disculpe quiero hablar para reconocer a este muerto

El cachinero levanta el periódico que cubría la cara de Matías, lo que le causo un nauseabundo asombro a la Señorita.
— Por favor señor cómo va a hacer eso, le recomiendo que vaya donde el Doctor del Departamento de Observación.
— Gracias Señorita.

El cachinero llega donde el Doctor y le pregunta, que cómo se procede para hacerse cargo del muerto.
— ¡Ah! Usted es familiar del Señor Matías,
— Mmm... no familiar per…
— No diga más firme aquí usted se lo lleva, le doy este papel es la orden de entierro y la tumba para el señor Matías, tenga buen día gracias

El cachinero cogió tal orden y salió del Hospital de Enfermos hacia el Cementerio, para él igual era una misión, era esa deuda personal que tenía, en el camino yendo en su triciclo lo veía de reojo al Matías es prudente que no lo mire tan directo, sentado pedaleando con el pecho hinchado y su espalda cóncava demostrando mucho orgullo, las carretas pasaban a los lados de él todo era un comportamiento flemático, es normal que alguien lleve un muerto en descomposición en un triciclo al cementerio.
— Te voy a llevar hijo mío no dejaré que te pudras en la calle, no dejaré que sufras el vaho de este pavimento, vamos mijo, vamos los dos vamos a triunfar en la vida, te voy a comprar los juguetes que tanto querías, sí mi amor, si quieres te inscribo en la Academia de Futbol, pero no te vuelvas a ir de mis brazos te lo ruego hijo mío no lo hagas.

Seguía pedaleando con más fuerza en aquel sol canicular de las doce del día, dejando en su paso un camino de gotas de sudor, lágrimas y secreción de necrosis, cada segundo pedaleaba con más fuerza, y en el camino cae desgarrada la cabeza de Matías rodando transversalmente por la calle. El cachinero corrió a rescatar la cabeza.
— No, hijo mío no te quieras ir de nuevo del calor de tu padre, no seas ingrato, sé que todo es mi culpa pero no me martirices más

Vaya… el cachinero se tomaba las cosas en serio, le faltaba poco por llegar al cementerio a pesar de su prisa se detiene un momento. Y dilucida unos objetos interesantes en un poste, se ve que tienen mucho valor para él, inclina el timón de su triciclo a la izquierda y mete pedal, se dirige hacia esos objetos se da cuenta que su oficio es llenar ese triciclo de cosas que puedan ser revaloradas, o que su valor primario ya solo sea un valor porque es plástico, aluminio, etc.… pero no podía, tenía lleno el triciclo, algo lo taladraba obsesivamente en su pensamiento y era la ética profesional. EL cachinero no era un empleado mortuorio, ese cadáver con la cabeza desgarrada no tenía parentela consanguínea con él, entonces… ¿Cuál era el motivo? , ninguno, era solo un añoro, cualidades o características que tiene el Ser Humano, no sé si el cachinero pensó así, pero sí estoy seguro que no vaciló en cogerlo a Matías y suplirlo por aquella chatarra; desvió a la derecha por la última calle oblicua antes del cementerio.

Matías terminó siendo banquete para los necrófagos…