martes, 7 de abril de 2009

"Relatos de Ultratumba"

Tuvo que pasar muchas cosas para que Matías muera, pero este al fin murió
— Buenos días les saluda el Hospital de Enfermos, se les comunica el parte de hoy:
— Los muertos de hoy son:
— Bienvenido Acasa Zambrano Macías, Augusto Pedro Yagual Tomalá, Domingo del Cisne Seminario Párraga, Christian Atahualpa Quiñónez Foster, Matías Eugenio Buenamente Carabalí.

Todos lloraron, todos se lamentaron, ¡ululaban! es feo que un ser a quien se debe afecto esté encerrado sin vida en un ataúd, lloraron por Bienvenido lloraron por Augusto también por Domingo, por qué no por Christian… “eh qué pasó, y Matías” no había quien llore por él, pues no había tal, así de simple, pues ya la razón de ser de Matías no le compete a la vida sino a lo escatológico. Pero la escatología no lo iba a enterrar a Matías lo prudente era que su destino sea la Morgue, la Fosa Común o la Facultad de Medicina, nadie sufriría si las cosas son de esta manera…
— Buenos días les saluda el Hospital de Enfermos: Quien reconozca al occiso Matías Eugenio Buenamente Carabalí, proceda a retirarlo.
— …

No había quién, por qué el hospital se complicaría tanto con el destino de un muerto, no creo que sea por lo ético algo debe pasar,
— Señorita por favor me puede decir que pasa con este Hospital, por qué se complican con el destino de un muerto
— Lo que pasa señor Narrador, es que la Fosa Común y la Morgue están saturadas, y no se puede dejar que el Señor Matías de descomponga aquí en el Hospital sería un problema vasto.
— Gracias señorita…
— De nada señor Narrador

Ya contestada mi pregunta entiendo, pero qué van a hacer entonces tendrán que botar a Matías a la basura, y eso hicieron, estuvo casi tres horas ahí hasta que típicamente un cachinero husmeaba la basura donde estaba Matías por debajo de algunas fundas de desechos medicinales, el cachinero abría las fundas para ver algo de valor, cuando su impresión al ver una cabeza.
— ¡Diablos! Qué

El Cachinero hace empatía con sus recuerdos, parece ser que esa cara le evoca algo, lo mira con profundidad y lo que hace es cavilar sus formas, algo él recuerda, abre los ojos de Matías y los ve verdes, esto lo hizo al cachinero cristalizar sus ojos hasta que cayera una gota de lágrima en la frente de Matías.
— Qué sucede señor Cachinero, porque lloras y botas tus lágrimas en la frente de Matías
— Es que veo sus ojos y me acuerdo de mi hijo, el que murió ahogado porque no lo pude salvar, y no lo hice porque le tengo miedo al mar, mi miedo era intermediario entre la muerte de mi hijo el mar y yo. Él tenía los ojos verdes igual que este señor, es por eso que lloro señor Narrador

¡Ah! Ya todo se esclarece y toma forma, este cachinero lo coge a Matías, él sentía que no podía dejarlo en la basura y que tenga un destino incierto, lo monta en su triciclo de cachinero y regresa al Hospital.
— Señorita, disculpe quiero hablar para reconocer a este muerto

El cachinero levanta el periódico que cubría la cara de Matías, lo que le causo un nauseabundo asombro a la Señorita.
— Por favor señor cómo va a hacer eso, le recomiendo que vaya donde el Doctor del Departamento de Observación.
— Gracias Señorita.

El cachinero llega donde el Doctor y le pregunta, que cómo se procede para hacerse cargo del muerto.
— ¡Ah! Usted es familiar del Señor Matías,
— Mmm... no familiar per…
— No diga más firme aquí usted se lo lleva, le doy este papel es la orden de entierro y la tumba para el señor Matías, tenga buen día gracias

El cachinero cogió tal orden y salió del Hospital de Enfermos hacia el Cementerio, para él igual era una misión, era esa deuda personal que tenía, en el camino yendo en su triciclo lo veía de reojo al Matías es prudente que no lo mire tan directo, sentado pedaleando con el pecho hinchado y su espalda cóncava demostrando mucho orgullo, las carretas pasaban a los lados de él todo era un comportamiento flemático, es normal que alguien lleve un muerto en descomposición en un triciclo al cementerio.
— Te voy a llevar hijo mío no dejaré que te pudras en la calle, no dejaré que sufras el vaho de este pavimento, vamos mijo, vamos los dos vamos a triunfar en la vida, te voy a comprar los juguetes que tanto querías, sí mi amor, si quieres te inscribo en la Academia de Futbol, pero no te vuelvas a ir de mis brazos te lo ruego hijo mío no lo hagas.

Seguía pedaleando con más fuerza en aquel sol canicular de las doce del día, dejando en su paso un camino de gotas de sudor, lágrimas y secreción de necrosis, cada segundo pedaleaba con más fuerza, y en el camino cae desgarrada la cabeza de Matías rodando transversalmente por la calle. El cachinero corrió a rescatar la cabeza.
— No, hijo mío no te quieras ir de nuevo del calor de tu padre, no seas ingrato, sé que todo es mi culpa pero no me martirices más

Vaya… el cachinero se tomaba las cosas en serio, le faltaba poco por llegar al cementerio a pesar de su prisa se detiene un momento. Y dilucida unos objetos interesantes en un poste, se ve que tienen mucho valor para él, inclina el timón de su triciclo a la izquierda y mete pedal, se dirige hacia esos objetos se da cuenta que su oficio es llenar ese triciclo de cosas que puedan ser revaloradas, o que su valor primario ya solo sea un valor porque es plástico, aluminio, etc.… pero no podía, tenía lleno el triciclo, algo lo taladraba obsesivamente en su pensamiento y era la ética profesional. EL cachinero no era un empleado mortuorio, ese cadáver con la cabeza desgarrada no tenía parentela consanguínea con él, entonces… ¿Cuál era el motivo? , ninguno, era solo un añoro, cualidades o características que tiene el Ser Humano, no sé si el cachinero pensó así, pero sí estoy seguro que no vaciló en cogerlo a Matías y suplirlo por aquella chatarra; desvió a la derecha por la última calle oblicua antes del cementerio.

Matías terminó siendo banquete para los necrófagos…

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