jueves, 30 de julio de 2009

TuSíPeroNoYo

Hoy en día el amor se está desenmascarando tal cual como es en todos sus ángulos y voluptuosidades, conozco a la gente sus mujeres y hombres.

Con este pequeño prefacio doy pie a la historia de un hombre cuya capacidad de amar iba más allá de los parámetros normales de la sociedad…

Andrés Lalé.

Viernes 16H00, Alberto sale de su trabajo con el típico rostro húmedo-meloso del día laboral, su cara de soledad perpetua se captaba a kilómetros evaporando gotas de sudor en la temperatura residual del ardiente pavimento de atardecer guayaquileño, caminaba a la estación del Metro esperando la ruta que le convenía para llegar a su hogar. Dentro del metro el ambiente hostil de brazos sudorosos y olor a axila que emula los más intensos ambientales nunca antes producidos y la solicitud de permiso de cada hombre hacia una mujer para pasar al otro lado, aprovecha al sobarle trasero con el promontorio de su pantalón y encajarlo perfecto en la hendidura que ofrece la unión de los glúteos femeninos… Esto era del gusto subjetivo de Alberto, no obstante él denunciaba mucha timidez en su expresión, arrimado en una esquina no podía domar su mirada porque se desviaba hacia algún escote al azar, pero su preferencia no tanto era el escote sino el dibujo lineal que las mujeres exhiben en la parte posterior cuando usan jeans descaderados, para Alberto no había mejor hobbie que aquello, ya terminada su experiencia de transporte-erótico en el hogar estaba su familia esperándolo siempre sin nada, allá… lo que Dios quiera, Alberto comía o no, entonces él tenía que llenar el buche de algún modo, medio se hacia una “tortilla de huevo”…

Los días laborales estaban circunscritos de rutinas como vestirse para ir al tedioso trabajo, aguantar los complejos y privaciones convertidas en superioridades seudo aristocráticas de su jefe, ver las piernas celulíticas de su compañera secretaria, el sonido martirizante de los teléfonos... Alberto tenía el puesto de asistente el cual lo aprendió en la practica, cuando se graduó de Bachiller nunca había pisado La Universidad, gracias a una palanca[1] que le consiguió el tío fue que entró a ese puesto que es el de los empleados menos explotados. Al cumplir tres años en esta empresa no sabía qué era un momento de descanso, ni siquiera tener una novia aparte toda su familia era poca afectuosa por ser eufemístico decirlo así, en Alberto no había peor vacío que ese por eso la envidia lo corrompía cuando en la calle veía abrazos, besos, caricias… no era bienestar para él presenciar eso, antes de ir al metro a mitad de camino siempre iba al Cyber a ver su email, en su trabajo tenía tan poco tiempo que escasamente conocía las alternativas del Internet por este motivo en su correo solo recibía mensajes de promociones y tonterías en cadena, él sabía algo referente al MSN, Facebook, Hi5 y otros links de grupos sociales.[2]

Alberto arremete a la sociedad por medio de la red “y lo hace” pero el éxito fue menester en esta ocasión aun así seguía intentando esas orgías visuales porque que él necesitaba compañía ya sea por afecto o por sexualidad, esta ambigüedad no estaba adscrita en la perspectiva de Alberto para descifrarla en ese momento. Él no tenía amigos y su ánimo sucumbía tanto hasta llegar a la infame decepción de lo nulo, Alberto quería más allá de lo tangible-fantasioso deseaba comer carne de sangre caliente y olor a mujer.

Saliendo del Cyber…

Tengo que regresar a la maldita casa…

Y escuchar a mi familia, sus problemas…

¿Qué hago para merecer esta soledad?

Este tipo de cuestionamientos sufría Alberto obsesivamente, era viernes y no estaba mal ir a un bar a desahogarse, esto produjo el desasosiego por las ganas reprimidas de amar y ser feliz, todo comenzó así…

Terminada de comer la “tortilla de huevo” Alberto va a su cuarto a bañarse y a vestirse para la ocasión, la ocasión no era extraordinaria solo era una salida al azar -lo que salga- Alberto poseía mucha predisposición de entrar a una discoteca y bailar así sea solo sacar esa nostalgia que lo tenía poseído, en ese momento sintió un contraste producto a la falta de costumbre y a la monotonía que lo tenía sedado y privado de vivir, “vivir evitando la vida” eso era lo que padecía por años… Mientras tanto él tazaba[3] qué chica estaba con posibilidades o voluntad para bailar, descubrió una buena voluptuosidad era una chica que encajaba perfecto con su mujer ideal, no desaprovechó su descubrimiento sumando la ansiedad que lo tenía acorralado sentía urgente la necesidad de conocerla y buscar el nexo que sea posible para estar con ella. Con mucha expectativa en sus ojos le propone bailar, la mujer lo mira, primero sus ojos después su contextura de arriba hacia abajo, su ropa para notar el look que él lucía… después de tanta auscultación visual ella le dice que “no”, Alberto queda anonadado con mucha vergüenza imaginando cientos de miradas burlonas achacándolo de inexperto, esto lo hizo salir del antro a paso acelerado sin poder respirar normal por su anudada garganta

¡Maldita sea la vida! Dios, por qué no puedo sentirme bien, siempre es algo, si no es lo uno es lo otro, no me siento normal como todos, feliz como todos, hasta cuándo esta vida insípida que llevo…

Alberto estaba tirado en un asiento público mientras profería estas delirantes palabras, de noche este tipo de escenas un tanto comunes en la ciudad, borrachos explayando sus sentimientos a quien sea, siendo que la conciencia de cada ebrio es estar solo en un cubo sin personas, sin animales, sin agua, sin planeta, sin nada, lo que le permite movilizar su cuerpo al antojo sin la represión llamada vergüenza o pudor. Alberto no está conforme necesita urgente embriagarse más, piensa que más alcohol estaría estupendo para no sentir el dolor del rechazo… tras una larga noche de tragos tambaleándose llega a su casa sin querer hacer mucho ruido pero no le sale la intención, todos sus movimientos eran desmesurados botaba todo lo que pensaba que era algo útil para arrimarse y sin querer llega a una planicie acolchonada precisa para dormir

Alberto, levántate qué haces botado en la ropa sucia, ¡sal de ahí! Encima vomitaste toda la ropa en qué “antro de perdición” te has de haber metido, qué porquería estarás haciendo…

Mamá, por favor ya déjame vivir hasta cuando lo mismo, ya tengo veinticinco años y te sigues preocupando por mí como si yo fuese un niño. Solo molestas con cualquier tontería me alteras ¡no puedes hacer tu vida como si yo no existiera!

Entre Alberto y su madre empieza una batalla de palabras, palabras de culpa, palabras de resentimientos, de rencores… habían acumulado tanto estrés durante veinte años, lo suficiente para hacer este cuento dramático. Alberto abúlico en la vida por todos las nefandas vivencias se miró al espejo, veía sus cejas y no las sentía que estaban bien y buscó una pinza para alineárselas, se miró la boca y creía que los labios los tenía gruesos, se miró el cabello y notaba que estaba reseco con caspa y cayéndose, se miró los brazos y pensó que no estaban en forma, se miró la nariz y dedujo que estaba chueca y convexa al mismo tiempo conscientemente pensó fantasiosamente operársela, por último se mira todo el cuerpo desnudo completamente, abre el armario y saca una camisa manga larga un poco floja con relación a su cuerpo, y un jeans normal ni flojo ni ajustado, inmediatamente se dirige al cuarto de su hermana a ver el neceser el cual lo abre y saca un delineador, se esfuma rápido antes de que lo pillen en el trayecto mientras llegaba a su cuarto, al llegar entra cierra la puerta corre el picaporte, espera un rato arrimado a la puerta hasta que regularice su respiración, inmediatamente agarró un espejito y empezó a delinearse los ojos sin motivo de hacerlo ni pensamiento que dé antesala a aquello ¡nada! solo fue un impulso, después ya con los ojos maquillados lentamente cae en el suelo apoyando primero sus rodillas y después sus brazos sobre la cama, la posición en que quedó Alberto lo hace alzar la cabeza mirando la pared (no necesariamente pensando que mira la pared, solo miraba) observaba de nuevo el espejito dándose cuenta que el delineador estaba chorreándose por sus mejillas de para y da vuelta en dirección al baño para tomar una sábana y limpiarse el accidente cosmético, nuevamente se delinea y se ve en el espejo (en el espejo no en el espejito)

-Media vuelta a la derecha- Alberto mira su cuerpo de perfil.

-Media vuelta a la izquierda- Alberto mira su cuerpo de perfil

-De frente- Alberto mira su cuerpo desde su frente hasta sus zapatos

Mmm... algo falta

Corre al dormitorio de la hermana agarra el neceser lo abre mira el Polvo lo tira, caen todos los cosméticos al piso Alberto vuela a su habitación cierra la puerta con picaporte se arrima a la puerta respira profundo, hasta tranquilizarse otra vez respira profundo, esta ocasión ya tenía calculado evitar cualquier negligencia y sí sacó de su mano un cojín con polvo (hecho con la tela de la piel de los peluches) lo envainó y lo aplicó en todo el rostro, va al espejo y se mira

Ahora sí me veo perfecto

Sacó el espejito y se deleitaba viéndose lo liso y equilibrado que tenía el cutis, se acostó en la cama para seguir con el morbo obsesivo de deleitarse espectando la supuesta belleza que irradiaba, pasó así cerca de cuarenta y tres minutos, Alberto estaba drogado de la experiencia estética que le producía ver la nueva apariencia de su cara…

¡Toc! ¡toc!

¡Alberto!

Sí mami, dime

Abre, que van a entrar a tomar las medidas de la reja de la ventana, y hacer los huecos

Alberto se disparó al baño a lavarse la cara con abundante agua, mientras su madre lo apuraba que abra la puerta…

Ya voy, ya voy madre

Qué tanto te demoras

Alberto abre y entra la mamá con el joven que va tomar las medidas de la ventana, aquel chico era alto, delgado pero tenía sus debidas voluptuosidades, ojos negros como un capulí, su rostro trigueño perfecto sin ningún púber accidente, cabello negro ensortijado, sus trajes se ajustaban a su delgado cuerpo y poseía una sonrisa que emulaba a la barita de la más temida hechicera, Alberto lo ve atentamente desde que entró por la puerta hasta cuando se dirigió a la ventana, el Joven se sentía un poco raro, reacción normal de estar en una casa totalmente desconocida y para variar un hombre que lo mira fijamente, como todo un profesional saca el flexómetro y empieza a tomar las medidas correspondientes, la madre lo llama a Alberto y le dice de carácter extremadamente confidencial con un tono de voz que sonaba como cuando alguien sopla una vela

Quédate cuidando que ya regreso cuidado ese chico se roba algo

Bueno mamá

Alberto y el Joven quedan como únicos seres vivientes (sin considerar los microbios) en la casa, el anfitrión le pregunta al Joven si quiere algo de tomar y él acepta, va rápidamente a la cocina, abre la refrigeradora mira para abajo para sacar la botella de cola[4], la sirve en el

vaso de plástico no en el de vidrio por tratarse de boca ajena, llega al cuarto le da el vaso extendiendo su brazo ofreciéndole la bebida, el Joven le da las gracias competentes y lo mira, al mirarlo se da cuenta del delineado de sus ojos, este no le dice nada solo pone cara de estar sorprendido y sigue haciendo el debido estudio para poner la reja de la ventana, agarró el combo y el cincel para hacer los huecos donde entraría las patas de la reja, al hacer esto por el peso de combo hace ejercicio en los brazos del joven los cuales se empiezan a hinchar terminado el primer hueco

¿Estás cansado? Quieres otro vaso de cola

Está bien gracias

Alberto regresa con la cola, y extiende su brazo mientras el joven también lo hace, para él es inevitable verle los ojos delineados, y empieza a deambular por su pensamiento incógnitas, no le dio más importancia a eso y prosiguió al segundo hueco para la reja, Alberto seguía mirando como los brazos del Joven se hinchaban, al mismo tiempo pensaba algo, sacudió su cabeza y prendió un cigarrillo con la intensión de no pensar. El joven lo miraba de reojo mientras trabajaba -eran los ojos de Alberto- no se reía porque no le resultaba jocoso, a lo mejor estaba preocupado por estar solo con el “Chico de los ojos delineados” dentro de un cuarto, había ciertas posibilidades que pensaba con respecto a Alberto lo cual lo inquietaba mucho.

-Tercer hueco terminado-

Disculpa, me puedes dar otro vaso de cola

¡De ley! dame el vaso para llenártelo

Alberto lleva el vaso y se lo da, esta vez los dos se miran fijamente a los ojos, cerca de dos segundos quedan congelados y cada uno procede a hacer el último hueco y a vigilar sentado en la cama…

-Terminados los huecos-

Ya me voy, le dices a tu mamá que regreso mañana por la mañana a poner la reja

Está bien no te preocupes, yo le digo

Se estrechan las manos y el joven no se puede resistir en volver a mirar el delineado de ojos de Alberto…

Aquel día era sábado, al igual que ayer también era bueno salir a hacer algo por la noche, pero como ya Alberto había salido llegando borracho y con la mala experiencia pasada no quería saber nada, por todo esto decidió relajarse y seguir acostado.

Por la noche.

¡ring! ¡ring!

Alberto contesta rápidamente

¡Hola!

Alberto, hoy es el cumpleaños de Karen la secretaria de gerencia, quiéres venir

Pero yo no me llevo con esa man[5], encima como es lesbiana ni en cuenta me ha tomar

No importa, ella invitó a todo el mundo, además la man es todo bien, no seas aburrido, sale ¡vamos!

Ok, está bien dónde es

Es en “Vulcano”[6]

!!Qué!! y qué vamos a hacer ahí

La man tiene amigas que no son lesbianas y están riquísimas

Perfecto me apunto, yo voy para allá

Bacán broder[7], topamos[8] ahí.

De la nada surgió una oportunidad de divertirse para Alberto. Llegó la noche y el ambiente estaba propenso para que suceda algo bueno, salió a la farmacia a comprar un gel, una rasuradora y una peinilla, luego en el baño empezó a adornarse tomando en cuenta el mínimo detalle que exigía el último movimiento de la moda, Alberto imaginaba cómo podían ser las amigas de Karen la secretaria.

21H00.

Mamá, ya voy a salir chao

Llevas cédula, llévala que están haciendo batidas

Sí mamá tranquila que sí llevo la cédula

Vaya con Dios hijito, chao

Hecha la bendición en la cara de Alberto, este llama a un taxi y le informa a donde se dirige, llegan a mutuo acuerdo del precio de la carrera y se van, una cosquilla lo invadía en la barriga a Alberto cuando llegó al lugar este respira profundo y decide entrar, adentro en el ocaso divertido y bohemio de La Disco, no veía a nadie, él estaba ansioso por ver al grupo de amigos que iba a encontrarse, recorre toda la discoteca y no ve a nadie conocido, lo que sí empezó a recibir fueron piropos y pretensiones de chicos, estaba poniéndose todo un poco embarazoso, los segundos eran tortuosos como si una piedra los trababa para que el tiempo siga su cause, Alberto se asustaba cada que alguien se acercaba y decide no quedarse parado tanto tiempo, mientras caminaba veía como entre hombres se besaban, abrazaban, reían y divertían, Alberto se predisponía a pensar que todos eran seres humanos muy felices, lo cual sintió envidia, al notar que nadie de sus amigos todavía llegaba fue al bar a comprarse una cerveza con el ánimo de relajarse, pero Alberto no se conforma con tan solo tomar un cerveza sino que se atreve a ir a bailar solo a la tarima, para moverse y salir del aburrimiento, justo sale la canción de moda, la canción del momento y Albertito se prende meneando su cuerpo al ritmo de las vibraciones de la música emanada de los inmensos parlantes.

Él bailaba y se sentía tan augusto hasta que dos brazos velludos y trigueños lo atraparon a Alberto por detrás y al mismo tiempo descendían los dos al ritmo del baile, Alberto estaba en realidad asustado pero el individuo de atrás más astuto acerca sus labios al oído diciéndole

Yo sé que esto te encanta, no te hagas la que no

Y concluyó chupándole el pabellón de la oreja, Alberto se gira y le ve el rostro a este individuo.

Qué te pasa chuchetumadre[9], maricón maldito hijueputa[10]

Alberto sale despavorido de la discoteca agitado con mucho asco llama a un cigarrillero y le pide un tabaco, empieza a fumar paga veinticinco centavos y espera el vuelto pero el vendedor le explica que cuesta veinticinco, Alberto lo mira no tan bien y saca de su bolsillo cinco centavos más y le pide un caramelo de menta, concluida la transacción ve su reloj y se da cuenta que todavía es temprano, después de lo sucedido él solo quiere ir a su hogar, como era temprano el Metro todavía funcionaba, paga su pasaje en la estación y dentro ve a chicas con faldas y con pantalones a la cadera viéndolas fijamente, al mismo tiempo que las ve recibe una llamada

¡Ring! ¡Ring!

¡Hola!

Alberto te estamos esperando, qué pasó ¿vas a venir?

¡No!

No paraba de mirar

Pero por qué no vienes qué paso

La verdad, es porque lo único que amo es “ESTO”

FIN

______________________________________________________

Nota: Todas las letras de este cuento y de todos los que Lalé hace son con la intensión de reinventar la realidad, no para expresar parcialidades referentes a la percepción moral o amoral del mismo, quien se sienta aludido no es intención de Lalé aludirlo. Lalé es partidario de la felicidad en toda forma de vida.




[1] Ecuatorianismo: Especie de gancho o influencia que una persona utiliza por medio de otra que esté en posibilidades afectivas con los responsables del bien de la primera persona.

[2] Paginas Web, cuyo servicio es facilitar intercambios de patrones entre personas en común

[3] Tazar: Guayaquileñismo: Acción de ver, buscar, descubrir o intrometer

[4] Ecu: Sinónimo de la palabra gaseosa

[5] Ecu: Dícese dependiendo del pronombre, a una persona femenino o masculino: La man, El man, los manes

[6] Ecu: Discoteca de homosexuales y Lesbianas o todo tipo de manera alternativa de vivir

[7] Extranjerismo castellanizado: Brother.- Hermano

[8] Ecu: Coloquial Dícese de la expresión: Nos vemos. II Encontrarse a alguien. “El otro día topé con Diana”

[9] Ecu: Insulto vulgar que significa evocar la vagina de la madre a quien se le profiere el insulto. Contracción fonética de la frase “Chucha de tu madre”

[10] Ecu: Contracción fonética de la frase “Hijo de Puta”

sábado, 4 de julio de 2009

Antonio dice:


Su forma de “V”, su forma de “T”, ese lenguaje perfecto que solo nosotros codificamos
la envoltura del fin de nuestra causa, esa que nos hace seres en común
¡Tú! Esencia de toda musa, como sustancia decantada por el tiempo,
Sí, lo de abajo, lo que se come como aquellas frutas costosas de pelar, de abrir, de romper…
Pero este poema no es para eso, es un tributo a su envoltura la que nutre nuestra imaginación…
¡Hombres del mundo! Sabéis lo que os digo, la envoltura.

En el bus, en la calle, en la oficina, ¡en mi casa a lado de mi mujer!
Por todos lados me estas coqueteando ser inerte,
cedes a mi olvido cuando me eres un obstáculo.
Maldito fuego intangible que tienes, ¡tú! envoltura sagrada deleitas mis ojos.
Rescato en este momento las ganas de llorar de emoción,
-como la gente pobre que gana dinero en programas concursos de televisión-
es que… de verdad es muy emocionante mis colegas, es el motivo...
“placeres entrepiernales” unos piensan que todo eso de lejos es solo forma,
el que piensa eso es un seudo analítico de la causa

El viernes tuve uno de esos ejemplares o envolturas en mis manos, antes de la causa...
Se hacía líquido viscoso, resbalaba en mis temblorosas manos, lo llevé a mi cara
sí, su olor a detergente y hembra, me coqueteaba la maldita,
sin consentimiento la llevé a mi morada, no la quise lavar
para qué hacerlo, para qué perder el sentido de tal euritmia
ja, ja , ja , ja qué feliz estoy el día de hoy.

Solo bastó semanas, y no sabía nada de ella,
qué sirvió el clavo de madera puesto en la pared
de qué sirvió triturarme los dedos… <>
Sé, lo sé, hombres de mi tierra, me rebajé a ese utensilio
no tiene sentido que exista, qué sostiene ¡nada!

Causas tantos males a la viril sociedad,
¡¡Miramos tu forma!! Menos tu envoltura
qué pensará mi pretendiente de la esquina de esto
qué vergüenza, soy un patán… ¡entiéndanme por favor!
¡Oh…! Tú, tienes la culpa de mis impulsos incumplidos
los que se desahogan con el llanto, y no me dejan respirar
ya que solo tú, envoltura maldita haces distorsionar las hormonas.

¡Qué va! No te achaco más, el sinsabor de verte es lo importante
solo verte y volar, solo verte a diez metros la costura de tu perímetro
la forma que ejerces a la causa, la sometes a tu ceñido
formas cóncavos que me excita el cuerpo
creando puntillismo sobre el lienzo de mi piel.

Te sigo viendo ¡Oh Dios, qué obsesivo!
Cada paso que mueve a la causa mueve la tela
quisiera estar cerca para estar tan cerca de ella
no me conformo con guardarla, olerla o lo que sea…

Ahora anhelo su forma, ser como ella, flaquita pero afortunada
sin duda que lo es, tiene tan cerca el sentido que luchamos en cada bohemia.
Qué cobarde soy, si todo esto le dijera a ella
no tendría que aspirar a la otra ella, la amiga la compinche
nadie me va a decir que las dos no saben lo que hacen

El fin es uno, uno como tú, como yo, como cualquiera
!!Detengan a este dúo!! Tiene “La Apocalipsis” en su frente,
a caso a mí me engañan, acaso no me muero dentro de mi pensamiento…
Esto es el fin ¡Vade Retro! Al que dice lo contrario
el que no está de acuerdo es un marica

Pues ¿Es por gusto la transparencia de las faldas, lo hundido de los jeans?
¿Y las “T”? Qué opinan de estas, a mí me gustan pero no tanto,
obvia lo imaginable, se adelantan a la experiencia, pero es bueno.
Cuando no están en la causa, eso es una propuesta mas que seducción.

¡Hombres de mi patria! Salid y mirad vuestras causas, y fijaros que tengo la razón
¿Vosotros pensáis que os miento? Intentadlo, luego decídmelo ¡Daros cuenta!
Os salgan a la calle, dilucidad una causa, dejéis que pase y esperadla…
Cuenteéis diez taconazos ¡Miren! Ven la “T” o ven la “V”.