martes, 4 de noviembre de 2014

Apocalipis de mi mente


Todo en este mundo es permitido
y morir es la justa consecuencia
aunque nunca podré joder a quien con el amor me confunde
por el cual uno, no se deja morir.

Entre la depresión y la alegría
yacen todos esos seres
a quienes nunca les podré calcular la mirada.
Si el dolor pasara desapercibido
no maquillaría siempre este rostro de miseria.

Me siento cobarde cuando huyo
del acre de la existencia
cuando mi reclusión
se satura de las posesiones
que me asfixian en el tiempo.

El primer movimiento del día
tiene que ver con la visita que le hago a la ventana
por si amanecen los días pasados
donde el sol era verdadero

y sentía calor y sentía mi cuerpo sin abrigo
navegando por la ría que mojó mi frente neonata
donde brindé el primer brillo de mis dientes
que el tiempo cada vez opaca
porque ya no hablo

mi lenguaje es el de la penumbra
y el del frío que produce
lo inexplicable, lo incompartible, lo indescifrable
lo que nunca podré decirme
mientras que mis neuronas escriben
la apocalipsis de mi mente.

jueves, 7 de agosto de 2014

Amigos, siempre los amé


Amigo, porque al fumar el primer cannabis
se derrumbaron los diques
que nos tenían contenido el pensamiento
y en el ardor de nuestros labios
saciamos en las licoreras nuestra sed
por eso, cuánto te amé.

Amigo que en la borrachera
nunca escatimé en besarte la boca
y todos celebraron, porque la homofobia
se la habían aspirado sobre la mesa
en aquella noche que lo sublime era
dar brindis compulsivos
e irle a vomitar al árbol de la esquina.

Cómo no recordarlos con amor
amigos míos, varones de la noche
transeúntes invisibles
fluorescencia de los prostíbulos malolientes
clientes asiduos del cine porno…
Los amé, quizá más
que al perro de la infancia
quizá más que al primer amor
quizá mucho más que todo eso,
Los amé.

Amigos con que descubrí
los colores en el rock n’ roll
la oscuridad en el heavy metal,
las vibraciones en el deep house 
y la alquimia
en los baños de las discotecas.

Amigos, nos dolió que el veinte
se incrustara en nuestras edades,
matando al teenager que fuimos,
el que se drogaba con libertad
sin la consciencia del autoflagelo
sin la consciencia de coquetear con el sida
sin la conciencia de no estudiar la Universidad…
Ya no podíamos estrellarnos como un escupitajo
en la cara de la vida.

Santiago… marchaste al otro continente
tu agonía prosperaba lejos de mi abrazo
tu alegría deliraba con esas compañías
que emulaban mi sonrisa cuando te miraba
y yo acá en el país tercermundista
encerrado en mi cuarto
haciendo el ridículo frente a las almohadas,
la vestimenta, los cuadernos, los lápices…
Todos esos objetos me observaban
cómo me daba contra la pared del sinsentido.
Un día lo tuvimos todo,
fuimos dueños hasta de nuestras heridas
y ahora, los fenómenos naturales de la vida
nos mantienen separados, como si fuéramos
dos perros alunados de razas distintas,
a pesar de que nos dejaste a Oliver y a mí
consumiendo toda la droga de esta ciudad
y viendo muchos amaneceres sin reconocernos,
Igual Santi, te amé… te amé.

A ti Oliver también te amé,
justo después de terminar el colegio
cuando tuvimos libres todas las mañanas
y me partiste la virginidad de los ojos
con ese cuarto de marihuana
que nos la fumamos entera escuchando Lou Reed,
y ya no sentimos la muerte
como en la primera experiencia
esta vez fue un vuelo de pura psicodelia
alucinamos el espectáculo del caleidoscopio
en las cuatro paredes de tu dormitorio,
por eso te amé.

Amigos del barrio cómo los amé
amigos de las cervezas los sábados
y del fútbol los domingos
amigos que me gritaban Maradona
para que les pase el balón,
y en realidad me lo decían, porque en la nariz
me veían una mancha blanca.
Pero les importó ¡Un carajo! Aquella mancha blanca
y que no les pase el balón
porque metí el gol que contrasta nuestra pérdida
ésa, de desnudarnos la pobreza y vernos los genitales sin pudor.
¡Qué ritual! Que era amanecerse el fin de año
recoger de entre los rescoldos del año pasado
las camaretas que no habían explotado
e ir a comer encebollado
en medio de una orgía de borrachos.
Amigos del barrió, de la inmadurez
de la obsesión de bromear
con el defecto más vergonzoso
de estar en el llanto de la desgracia más hambrienta
de estar en el abrazo de la navidad y en el autoflagelo
por eso, los amé.

Amigos de la primera Universidad donde estudié
cómo los amé. En el pre universitario
después de cada clase nos fumábamos un tabaco
y nos dedicamos a conocer chicas buenas y galanes corpulentos.
Qué hervor en nuestro cuerpo,
qué bullir testosterónico y androgénico 
en esas fiestas que organizaban la federación de estudiantes
por el inicio del pre, por el intermedio del pre
por la finalización del pre, por la reina del pre,
por el campeón de futbol del pre, por etcétera del pre…
qué locomoción pélvica después de esas fiestas… :P
En las clases de anatomía, apostábamos besos
a las chicas más lindas
si pronunciaban esternocleidomastoideo,  al revés
y así nos embriagamos bebiendo de esas lenguas
que serpeaban desde esos rostros que hace un año
eran utópicos.
Un mañana hurgando el compendio de Testud
descubrimos que al tener dominio del músculo isquiocavernoso
ya no necesitábamos pensar en las tortugas ninjas
para evitar la eyaculación precoz…
Por todo eso
amigos de la primera Universidad donde estudié
los amé.

Amigos de la segunda Universidad donde estudié
cómo los amé, aun viendo que mi cara
era la de un lerdo en matemáticas
en lugar de la de un estudiante
de ingeniería en telecomunicaciones y electrónica
me quisieron
aunque sabían que estaba perdiendo el tiempo
nunca se preguntaron
que rayos hace ese hijo de puta aquí,
no obstante
se reían cuando el morboso del profesor de física
se excitaba al pedirme que realice
un ejercicio de electromagnetismo,
y yo sin saber resolver frente al pizarrón
ponía la cara como si tuviera ganas de tirarme un pedo
cara de morirme, de que sea el apocalipsis ya.
Y ustedes amigos, solo pegaron unas risitas
ante una comedia abominable y monumental
solo pegaron unas risitas, por eso los amé.

Amigos de la tercera Universidad donde estudié,
cómo los amé, en el instituto de arte
donde todos parecíamos vagabundos
por la moda que intentábamos con los harapos del hogar.
La hermandad nos regurgitaba en la mirada
y los más retraídos pensaban que aquello se debía
al olor de la trementina.
Amigos artistas.
Por la luz que la goma gestó sobre la mancha del carbón
y la fotografía gris que dibujaron sobre el papel.
Por el surco tallado en el linóleo
y las gubias clavadas en sus manos.
Por los estiques enterrados en el barro
y el atomizador que al busto refrescaba.
Por los pinceles que fundaron vida sobre el lienzo
y el barniz que a la juventud del óleo maduraba.
Por todo eso los amé.

Amigos de la cuarta Universidad donde estudié
compañeros que juntos buscamos
el motivo de educar
y el día que conquistamos aquel motivo
supimos que las bondades del idealismo
eran igual a firmar contrato con la miseria.
Compensaremos la carencia provocando
Ilusiones y esperanza a los niños
y no estímulos sexuales como el mercado lo hace. 
En aquella ilusión pueril
habremos nacido y muerto para resucitar
en otro gesto de felicidad
que nos invite a percibir la existencia.
Sé que siempre sospecharon que venía del infierno
y nunca lo quisieron creer,
aunque nunca iba a clases, faltaba a los exámenes
y perdía el año, me hicieron creer
que el excremento cuando lee, resplandece
por eso los amé.

Mario… por tu cabellera víctima del arte conceptual
por el ready made en que convertiste tu cuerpo
por gritar hasta sangrar que los signos de la sociedad
son pura banalidad, y es cierto
lo gritábamos en medio del mosh
de esos cover pésimos de Nirvana
cuando venía el roquero más alto y pesado
y nos aplastaba y en ese aprieto nos reímos
mutuamente, desenfrenadamente, lunáticamente…
y tuve ganas de besarte y dejarte el lápiz labial de la vida
sobre el sudor de tu piel…
Te arrebaté el amor de la vida por celos
No por hijueputa. Por eso te amé.

Amigos poetas, juglares de la decadencia
cada noche de crepúsculo en esos encierros
enardecen la lisonja a la oscuridad,
la música bohemia, el despotrique poético
y la conquista asidua de la ebriedad…
Amigos poetas, mientras leo sus poemas
me transfiguro en algo que no existe
y como en el game over
tengo que comenzar el juego desde el principio
e ir a la carpintería de mis versos…
Por todo eso, cuanto los amé.

Amigos de bares, cantinas, salones y discotecas
viejas de calzones fucsia, locutores, periodistas,
vates y actores de la calle, cigarrilleros indígenas
por el baile, por el calor, por la borrachera
por el encierro después de la hora legalmente permitida
por la amanecida y por el after matutino.
Por todo eso, Los ame.

Carlos Luis… porque en el infierno te conocí
y ahí en el fuego de nuestro hábitat
supimos auscultar los colores
que palpitaban en nuestro pecho y eso nos bastó
para reír sobre la mesa sucia con esas manchas nocturnas
que nos permitían vivir. Por eso te amé.

Amigos de la vida, que me brindaron mundo para vivir
y alegrías en las cuales revolcarme como un perro
recién bañado sobre la tierra,
amigos que se alejaron para dejarme a solas con el dolor
en las esquinas, en las calles, en el tugurio más escalofriante
nunca los olvidaré. Sin embargo, vinieron a mi cuerpo
cuando al soledad ya laceraba
cuando la soledad ya no era buena compañera
ni buen estímulo para el arte, y se acercaron
a ver esa coctelera oxidada en que me había convertido
que aún los psiquiatras mezclaban
todos los obsequios de los visitadores médicos.
Aunque parecía tener los ojos cerrados, los vi amigos
y desde el pensamiento eché una sonrisa
porque sé que los amé.

Licencia Creative CommonsAmigos, siempre los amé por Andrés Lalé se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.



jueves, 1 de mayo de 2014

Cuatro paredes





En cada momento
una mordida de experiencia
segrega toxinas de amnesia.
En el olvido, la mente se purga
de recuerdos
que crispan en su fin.

Mi sexo sepultó navajas
en todos los ojos
por donde pasó mi lengua,
y la sangre fluyó
de esas miradas
pintando de rubor a estas
cuatro paredes
donde llevo tiempo
perdido en el vacío,
camuflado con este traje blanco
aislado de la circunstancia
que me ha construido
este encierro.

Detesto la luz del velador
que parodia el amanecer 
y también detesto, acto seguido
el resplandor sobre la pared
donde algún día escribí lo siguiente:
Soy una estampilla
de un correo que nunca llegó,
de un cartero que nunca nació
de unas letras que no tienen idioma.

El momento repta
y desde lo alto el placer
crea una nueva experiencia
y suelta una daga que cae
y se entierra en este lugar de hastío:
la carne de los seres que fui.

La muerte entona
las melodías de su existencia:
The danse macabre, O death,  
Ailein duinn, Réquiem… o lo que sea que huela
a la mortecina que mitiga el hambre
de los perros callejeros.

Ahora es la época
que siempre pensé que venía
la de perennizarme sobre lo putrefacto 
donde surgen todos estos versos
que intentan provocar estética
desde la miseria.

Pero sé, que la muerte va a preferir
dejarme en las manos de la existencia,
ante eso, tan solo anhelo los labios de un alma depresiva
para centellearnos en una necrofilia mutua.

En mi interior
los engranajes del pensamiento
rotan el carrusel de la locura,
la tristeza me pide dulces
pero son tan caros
que no se los puedo comprar
¡Al menos tenemos asegurada la pobreza!

El recuerdo sexual y además
lidocainómano
extingue el dolor de ser amante
del Todo obeso, empachado de estupideces
con las que nos embriagamos de felicidad.
Pero ahora ante el olvido
me atengo al vacío abonado
por la capacidad de mi existencia.

Mientras intento responder
todas las preguntas que he anotado
durante este encierro
creo ver entre mis dedos
la fotografía de un vagabundo
cagando sobre un retrete instalado
en el abandono.

Las respuestas yacen
en las gotas de la letanía
que cavan abismos en la mente.

Y la única respuesta
que llegará intacta, sin revelarse
hasta mi  muerte
reflexiona encadenada en el patio del subconsciente.
El vacío bien abonado por mi existir
me cobija del glacial de la utopía
escrita con el lenguaje del amanecer










miércoles, 9 de abril de 2014

Motel




En el cuadrilátero
de un motel
cremamos nuestras prendas
que vestían nuestra piel
aún intacta
como un bosque virgen
sin las huellas
de nuestras caricias
que subían el volumen
a nuestros gemidos

y cuando eso sucedía
todos los amantes
de los otros apartamentos
se tocaban la intimidad
auscultando en las paredes
el estruendo de tus gemidos
que se escapaban
de entre mis dedos.

Nos mezclamos
como dos chocolates
abrazados en el calor
y yo veía nuestro sexo
repetido en los cristales y creía
que todo era
una orgía de álter ego.

Tu cuerpo se desgarró en partes
y formó un harem
de pequeños cuerpos
que trepaban
por mi falo embadurnado
de placer.

Morimos
en un orgasmo sin sustancia
antes del amanecer
y fue lo último…
ahí murió tu ser
impreso en el líquido:
el lenguaje de mi mirada.






foto de http://javiermolinero.blogspot.com/


jueves, 27 de febrero de 2014

Remember


Remember

En la ventana
Que dejaste semiabierta
Cuando mirabas formas en las nubes
Después, entró una brisa
que congeló el aroma
de aquella alcoba alquilada
testigo en el tiempo
de cien mil posiciones para el sexo.

Ahí, tu almohada era mi pecho
y abrazabas mi cuerpo
para abrigarte y sentir mis genitales
adheridos a tu vientre.

Mientras en la resaca del orgasmo
Me quedé viendo la pared,
Te fugaste…
porque sentiste en mis movimientos
que no perdí la costumbre
de las masturbaciones en tu cuerpo.

Una secreción besó mi cara
cuando con las sábanas
me sequé las lágrimas.

La impotencia
de ya no poder lactar tu pecho,
de ya no poder hundirme en tus precipicios,
de ya no poder percibir el aliento de tu jadeo,
multiplicaba los metros cuadrados de nada
que me cercaban y celebraban cada fallo
al intentar la maroma de dibujar en el papel
algo.

El espacio se convirtió en una pampa
donde las posibilidades del suicidio
concursaban por la muerte.

Mas que sea conseguí
con mi pervertida imaginación
en la reserva de mi memoria
sacar un recuerdo, algún sexo no consumado
para alcanzar una eyaculación de auxilio

y poder dormir.

jueves, 20 de febrero de 2014

A la nena del balcón


pintura de Adela Abós


Disfrutaba su rostro
hasta que en un instante
de vivencia lacerante
muy parecida al éxodo
ella... dejó de proyectarse.

En el lago
de mi nueva tierra
vi que en el reflejo de mi rostro
se moría el movimiento.

Mis recuerdos habían muerto
ahora que el vello forma
un bosque lúgubre
sobre mi tez.

He celebrado cada aniversario
de su ausencia,
bebiendo el licor destilado
de lo único que tengo
su imagen pueril
atrapada en mi memoria.

Un hada, parecida
a un murciélago,
volaba en mis fantasías,
me ofreció un deseo
y le pedí que me diera
el recuerdo de los días
donde por ella
se intensificó mi asedio
y me lo concedió:

Actuar como dandi
pararme como matón
mirar al vacío
escupir al suelo
sonreír sin razón
salvar a todos en las escondidas.
Yo asediando
y ella en el balcón,
espectadora.

Le pedí otro deseo
y el Hada me lo volvió a conceder,
le pedí volver a verla
y súbito llegó.
Pero la pequeña brisa
que iba muriendo mientras
chocaba de pared a pared
todo lo desvaneció.

Mis ojos temblaron,
aquel balcón fue
el único espacio
entre los dos.

Veo


Veo en tu mirada
el fuego
que se resigna.
Las calaveras construyen
los pilares del auxilio,
se apura la soledad
para abrazarme
con sus brazos de vidrio,
las calaveras se contagian del sinsentido
abandonan la obra
echan el material de construcción
al viento,
así como vinieron, lentas
se van lentas
desaparecen en la perfección
de la distancia.

Atrapado dentro del abrazo
cuento los segundos
con el sonido cristalino
que grita la colisión de mis lágrimas,
el recuerdo teje
lo que el olvido desgarra.
La ilusión de ser heterogéneo
Arde en la pirotecnia de los recuerdos.

La sombra defeca
una luz
que desnuda la lepra
que me nace
en la mirada

El cerebro muerde sus tímpanos
La canción más romántica
yace obesa
engullendo lo que hace mil versos
todo se degrada.

viernes, 7 de febrero de 2014

Últimas lágrimas

Evitaré
La canción más romántica
con una orgía de fármacos
sobre el catre sumergido
en mis venas.
Cuando se detonen los orgasmos
una capa viscosa me abrazará
el cerebro.

Aquella canción
escupiría un alud de imágenes
sobre el nevado
vibrando sus cimientos
y en la colisión
se librarían nuestros cuerpos
de la luz que en colores
nos existe.

Soporto los colmillos
de la nostalgia erótica,
escribiendo poemas
que se reproducen
como cucarachas
de una asquerosa Cocina.

Derrito el iPad
con el calor de mis temblores
pero seré víctima del pervertido destino
que yace en su onanismo
cantando la canción
que te dediqué
cuando derramamos
el vino tinto
con en el brindis
sobre el sudario
que delata
nuestro sexo,
ahí subsistió la esencia
que murió cuando el olor
del beso genital
emigró con la brisa
que la ventana
no atajó…
Lo demás
lo aniquilamos
bajo la ducha.



La canción más romántica:




martes, 4 de febrero de 2014

Dentro de casa

El vacío escarba
en los desperdicios del silencio
el zapateo del trote del segundero
ensordece y agrieta el cristal
de los ojos.

Al cuerpo en la inmovilidad
del placer
los pómulos le crecen
lo macilento le habita
pronto sus huesos tendrán libertad
de gala saldrán vestidos
con su piel.

Los azulejos abren sus bocas
para tragar el derrame
que escupe la mente
entre las piernas.

jueves, 30 de enero de 2014

A ella

Nuestros labios se funden
en el beso
nuestros ojos se desafían
se agarran con sus pestañas
tal como cuando el amor
agarra con sus frías manos
la inocencia.
 
El tiempo trabaja
como hormigas
construye tu muerte
morirás respirando
el dióxido de mi respiración.

Yo sé que la muerte
Te Será una camisa muy angosta
Vendrás por las noches
para halarme los pies
caeré al suelo
habitaré el sueño fuera de la cama
cumpliendo los tips que rompen la rutina del sexo.

Sobre mi cuerpo
fumarás el cigarrillo del infierno
ojalá pases el humo
a mi interior
desde tu boca pálida
cuando te ruegue una mordida.

En el lago de mi cuerpo
hundiré tu rostro
hasta ahogarte
y en la asfixia
aprovecharme
en el auxilio cómplice
al darte mí aliento.

Toma un cuchillo
rompe tu lienzo
y líbrate de mi pincel
que te agrede,
y sucumbe en la caída
en el abismo de los muertos.

viernes, 24 de enero de 2014

Metanoia

  


En la muerte
la soledad nos ultraja
¿A quién le interesa un cuerpo podrido?
si dicho cuerpo solo es un banquete
para gusanos hijos de la putrefacción
devoradores de vísceras
amantes de la muerte.

El que no tiene objetivo
en la tierra natal
es un viandante del vacío
que deja su rastro
cuando empapa la superficie
con el llanto.

Carecer de objetivo
es renunciar abrazando a la valentía
en el ayuno perpetuo.

El hartazgo es locuaz
el escape se nos instala.
En la transpiración habita el frío,
rechinan los dientes.

Nos ruborizamos
por la diatriba
en la guerra del humano vs humano,
la vestimenta importada es rating de grandeza
nunca hizo falta armas para quitar vidas
el mortero es la existencia.

No hay demanda
respirar el snob envuelto en el viento
es sobrevivir
para el quien se adapta
el que no se adapta, no respira.

El día que dejen las diestras y las siniestras
ningún ser humano anhelará migas de pan
con cara de personaje pintado por Guayasamín
gruñendo con la trompa en el suelo
como perros.
El denominador común es la queja y el llanto:
humillación y prepotencia entre seres homogéneos.
Si los fémures se parten ¡Quién nos limpiará la mierda!
¿La derecha? ¿La izquierda?
Seremos dignos de una patada estomacal.

La luna ingiere lo ácrono
que escupe la noche,
se camina en callejones oscuros y meados
cavilando la exégesis de la realidad
teniendo en cuenta que nadie es digno de lágrimas
ellas existen para desahogarse solas
no para peticiones que deprecian la autoestima.

Tenemos que sobrevivir
siguiendo el vulnerable sendero
hacia la metanoia de los ideales y
caminar desvestidos por la existencia blanca
sin el ultraje del color
sin el ultraje del tiempo
cobijados de nihilismo puro
cálidos en la desnudez.