jueves, 27 de febrero de 2014

Remember


Remember

En la ventana
Que dejaste semiabierta
Cuando mirabas formas en las nubes
Después, entró una brisa
que congeló el aroma
de aquella alcoba alquilada
testigo en el tiempo
de cien mil posiciones para el sexo.

Ahí, tu almohada era mi pecho
y abrazabas mi cuerpo
para abrigarte y sentir mis genitales
adheridos a tu vientre.

Mientras en la resaca del orgasmo
Me quedé viendo la pared,
Te fugaste…
porque sentiste en mis movimientos
que no perdí la costumbre
de las masturbaciones en tu cuerpo.

Una secreción besó mi cara
cuando con las sábanas
me sequé las lágrimas.

La impotencia
de ya no poder lactar tu pecho,
de ya no poder hundirme en tus precipicios,
de ya no poder percibir el aliento de tu jadeo,
multiplicaba los metros cuadrados de nada
que me cercaban y celebraban cada fallo
al intentar la maroma de dibujar en el papel
algo.

El espacio se convirtió en una pampa
donde las posibilidades del suicidio
concursaban por la muerte.

Mas que sea conseguí
con mi pervertida imaginación
en la reserva de mi memoria
sacar un recuerdo, algún sexo no consumado
para alcanzar una eyaculación de auxilio

y poder dormir.

jueves, 20 de febrero de 2014

A la nena del balcón


pintura de Adela Abós


Disfrutaba su rostro
hasta que en un instante
de vivencia lacerante
muy parecida al éxodo
ella... dejó de proyectarse.

En el lago
de mi nueva tierra
vi que en el reflejo de mi rostro
se moría el movimiento.

Mis recuerdos habían muerto
ahora que el vello forma
un bosque lúgubre
sobre mi tez.

He celebrado cada aniversario
de su ausencia,
bebiendo el licor destilado
de lo único que tengo
su imagen pueril
atrapada en mi memoria.

Un hada, parecida
a un murciélago,
volaba en mis fantasías,
me ofreció un deseo
y le pedí que me diera
el recuerdo de los días
donde por ella
se intensificó mi asedio
y me lo concedió:

Actuar como dandi
pararme como matón
mirar al vacío
escupir al suelo
sonreír sin razón
salvar a todos en las escondidas.
Yo asediando
y ella en el balcón,
espectadora.

Le pedí otro deseo
y el Hada me lo volvió a conceder,
le pedí volver a verla
y súbito llegó.
Pero la pequeña brisa
que iba muriendo mientras
chocaba de pared a pared
todo lo desvaneció.

Mis ojos temblaron,
aquel balcón fue
el único espacio
entre los dos.

Veo


Veo en tu mirada
el fuego
que se resigna.
Las calaveras construyen
los pilares del auxilio,
se apura la soledad
para abrazarme
con sus brazos de vidrio,
las calaveras se contagian del sinsentido
abandonan la obra
echan el material de construcción
al viento,
así como vinieron, lentas
se van lentas
desaparecen en la perfección
de la distancia.

Atrapado dentro del abrazo
cuento los segundos
con el sonido cristalino
que grita la colisión de mis lágrimas,
el recuerdo teje
lo que el olvido desgarra.
La ilusión de ser heterogéneo
Arde en la pirotecnia de los recuerdos.

La sombra defeca
una luz
que desnuda la lepra
que me nace
en la mirada

El cerebro muerde sus tímpanos
La canción más romántica
yace obesa
engullendo lo que hace mil versos
todo se degrada.

viernes, 7 de febrero de 2014

Últimas lágrimas

Evitaré
La canción más romántica
con una orgía de fármacos
sobre el catre sumergido
en mis venas.
Cuando se detonen los orgasmos
una capa viscosa me abrazará
el cerebro.

Aquella canción
escupiría un alud de imágenes
sobre el nevado
vibrando sus cimientos
y en la colisión
se librarían nuestros cuerpos
de la luz que en colores
nos existe.

Soporto los colmillos
de la nostalgia erótica,
escribiendo poemas
que se reproducen
como cucarachas
de una asquerosa Cocina.

Derrito el iPad
con el calor de mis temblores
pero seré víctima del pervertido destino
que yace en su onanismo
cantando la canción
que te dediqué
cuando derramamos
el vino tinto
con en el brindis
sobre el sudario
que delata
nuestro sexo,
ahí subsistió la esencia
que murió cuando el olor
del beso genital
emigró con la brisa
que la ventana
no atajó…
Lo demás
lo aniquilamos
bajo la ducha.



La canción más romántica:




martes, 4 de febrero de 2014

Dentro de casa

El vacío escarba
en los desperdicios del silencio
el zapateo del trote del segundero
ensordece y agrieta el cristal
de los ojos.

Al cuerpo en la inmovilidad
del placer
los pómulos le crecen
lo macilento le habita
pronto sus huesos tendrán libertad
de gala saldrán vestidos
con su piel.

Los azulejos abren sus bocas
para tragar el derrame
que escupe la mente
entre las piernas.