jueves, 7 de agosto de 2014

Amigos, siempre los amé


Amigo, porque al fumar el primer cannabis
se derrumbaron los diques
que nos tenían contenido el pensamiento
y en el ardor de nuestros labios
saciamos en las licoreras nuestra sed
por eso, cuánto te amé.

Amigo que en la borrachera
nunca escatimé en besarte la boca
y todos celebraron, porque la homofobia
se la habían aspirado sobre la mesa
en aquella noche que lo sublime era
dar brindis compulsivos
e irle a vomitar al árbol de la esquina.

Cómo no recordarlos con amor
amigos míos, varones de la noche
transeúntes invisibles
fluorescencia de los prostíbulos malolientes
clientes asiduos del cine porno…
Los amé, quizá más
que al perro de la infancia
quizá más que al primer amor
quizá mucho más que todo eso,
Los amé.

Amigos con que descubrí
los colores en el rock n’ roll
la oscuridad en el heavy metal,
las vibraciones en el deep house 
y la alquimia
en los baños de las discotecas.

Amigos, nos dolió que el veinte
se incrustara en nuestras edades,
matando al teenager que fuimos,
el que se drogaba con libertad
sin la consciencia del autoflagelo
sin la consciencia de coquetear con el sida
sin la conciencia de no estudiar la Universidad…
Ya no podíamos estrellarnos como un escupitajo
en la cara de la vida.

Santiago… marchaste al otro continente
tu agonía prosperaba lejos de mi abrazo
tu alegría deliraba con esas compañías
que emulaban mi sonrisa cuando te miraba
y yo acá en el país tercermundista
encerrado en mi cuarto
haciendo el ridículo frente a las almohadas,
la vestimenta, los cuadernos, los lápices…
Todos esos objetos me observaban
cómo me daba contra la pared del sinsentido.
Un día lo tuvimos todo,
fuimos dueños hasta de nuestras heridas
y ahora, los fenómenos naturales de la vida
nos mantienen separados, como si fuéramos
dos perros alunados de razas distintas,
a pesar de que nos dejaste a Oliver y a mí
consumiendo toda la droga de esta ciudad
y viendo muchos amaneceres sin reconocernos,
Igual Santi, te amé… te amé.

A ti Oliver también te amé,
justo después de terminar el colegio
cuando tuvimos libres todas las mañanas
y me partiste la virginidad de los ojos
con ese cuarto de marihuana
que nos la fumamos entera escuchando Lou Reed,
y ya no sentimos la muerte
como en la primera experiencia
esta vez fue un vuelo de pura psicodelia
alucinamos el espectáculo del caleidoscopio
en las cuatro paredes de tu dormitorio,
por eso te amé.

Amigos del barrio cómo los amé
amigos de las cervezas los sábados
y del fútbol los domingos
amigos que me gritaban Maradona
para que les pase el balón,
y en realidad me lo decían, porque en la nariz
me veían una mancha blanca.
Pero les importó ¡Un carajo! Aquella mancha blanca
y que no les pase el balón
porque metí el gol que contrasta nuestra pérdida
ésa, de desnudarnos la pobreza y vernos los genitales sin pudor.
¡Qué ritual! Que era amanecerse el fin de año
recoger de entre los rescoldos del año pasado
las camaretas que no habían explotado
e ir a comer encebollado
en medio de una orgía de borrachos.
Amigos del barrió, de la inmadurez
de la obsesión de bromear
con el defecto más vergonzoso
de estar en el llanto de la desgracia más hambrienta
de estar en el abrazo de la navidad y en el autoflagelo
por eso, los amé.

Amigos de la primera Universidad donde estudié
cómo los amé. En el pre universitario
después de cada clase nos fumábamos un tabaco
y nos dedicamos a conocer chicas buenas y galanes corpulentos.
Qué hervor en nuestro cuerpo,
qué bullir testosterónico y androgénico 
en esas fiestas que organizaban la federación de estudiantes
por el inicio del pre, por el intermedio del pre
por la finalización del pre, por la reina del pre,
por el campeón de futbol del pre, por etcétera del pre…
qué locomoción pélvica después de esas fiestas… :P
En las clases de anatomía, apostábamos besos
a las chicas más lindas
si pronunciaban esternocleidomastoideo,  al revés
y así nos embriagamos bebiendo de esas lenguas
que serpeaban desde esos rostros que hace un año
eran utópicos.
Un mañana hurgando el compendio de Testud
descubrimos que al tener dominio del músculo isquiocavernoso
ya no necesitábamos pensar en las tortugas ninjas
para evitar la eyaculación precoz…
Por todo eso
amigos de la primera Universidad donde estudié
los amé.

Amigos de la segunda Universidad donde estudié
cómo los amé, aun viendo que mi cara
era la de un lerdo en matemáticas
en lugar de la de un estudiante
de ingeniería en telecomunicaciones y electrónica
me quisieron
aunque sabían que estaba perdiendo el tiempo
nunca se preguntaron
que rayos hace ese hijo de puta aquí,
no obstante
se reían cuando el morboso del profesor de física
se excitaba al pedirme que realice
un ejercicio de electromagnetismo,
y yo sin saber resolver frente al pizarrón
ponía la cara como si tuviera ganas de tirarme un pedo
cara de morirme, de que sea el apocalipsis ya.
Y ustedes amigos, solo pegaron unas risitas
ante una comedia abominable y monumental
solo pegaron unas risitas, por eso los amé.

Amigos de la tercera Universidad donde estudié,
cómo los amé, en el instituto de arte
donde todos parecíamos vagabundos
por la moda que intentábamos con los harapos del hogar.
La hermandad nos regurgitaba en la mirada
y los más retraídos pensaban que aquello se debía
al olor de la trementina.
Amigos artistas.
Por la luz que la goma gestó sobre la mancha del carbón
y la fotografía gris que dibujaron sobre el papel.
Por el surco tallado en el linóleo
y las gubias clavadas en sus manos.
Por los estiques enterrados en el barro
y el atomizador que al busto refrescaba.
Por los pinceles que fundaron vida sobre el lienzo
y el barniz que a la juventud del óleo maduraba.
Por todo eso los amé.

Amigos de la cuarta Universidad donde estudié
compañeros que juntos buscamos
el motivo de educar
y el día que conquistamos aquel motivo
supimos que las bondades del idealismo
eran igual a firmar contrato con la miseria.
Compensaremos la carencia provocando
Ilusiones y esperanza a los niños
y no estímulos sexuales como el mercado lo hace. 
En aquella ilusión pueril
habremos nacido y muerto para resucitar
en otro gesto de felicidad
que nos invite a percibir la existencia.
Sé que siempre sospecharon que venía del infierno
y nunca lo quisieron creer,
aunque nunca iba a clases, faltaba a los exámenes
y perdía el año, me hicieron creer
que el excremento cuando lee, resplandece
por eso los amé.

Mario… por tu cabellera víctima del arte conceptual
por el ready made en que convertiste tu cuerpo
por gritar hasta sangrar que los signos de la sociedad
son pura banalidad, y es cierto
lo gritábamos en medio del mosh
de esos cover pésimos de Nirvana
cuando venía el roquero más alto y pesado
y nos aplastaba y en ese aprieto nos reímos
mutuamente, desenfrenadamente, lunáticamente…
y tuve ganas de besarte y dejarte el lápiz labial de la vida
sobre el sudor de tu piel…
Te arrebaté el amor de la vida por celos
No por hijueputa. Por eso te amé.

Amigos poetas, juglares de la decadencia
cada noche de crepúsculo en esos encierros
enardecen la lisonja a la oscuridad,
la música bohemia, el despotrique poético
y la conquista asidua de la ebriedad…
Amigos poetas, mientras leo sus poemas
me transfiguro en algo que no existe
y como en el game over
tengo que comenzar el juego desde el principio
e ir a la carpintería de mis versos…
Por todo eso, cuanto los amé.

Amigos de bares, cantinas, salones y discotecas
viejas de calzones fucsia, locutores, periodistas,
vates y actores de la calle, cigarrilleros indígenas
por el baile, por el calor, por la borrachera
por el encierro después de la hora legalmente permitida
por la amanecida y por el after matutino.
Por todo eso, Los ame.

Carlos Luis… porque en el infierno te conocí
y ahí en el fuego de nuestro hábitat
supimos auscultar los colores
que palpitaban en nuestro pecho y eso nos bastó
para reír sobre la mesa sucia con esas manchas nocturnas
que nos permitían vivir. Por eso te amé.

Amigos de la vida, que me brindaron mundo para vivir
y alegrías en las cuales revolcarme como un perro
recién bañado sobre la tierra,
amigos que se alejaron para dejarme a solas con el dolor
en las esquinas, en las calles, en el tugurio más escalofriante
nunca los olvidaré. Sin embargo, vinieron a mi cuerpo
cuando al soledad ya laceraba
cuando la soledad ya no era buena compañera
ni buen estímulo para el arte, y se acercaron
a ver esa coctelera oxidada en que me había convertido
que aún los psiquiatras mezclaban
todos los obsequios de los visitadores médicos.
Aunque parecía tener los ojos cerrados, los vi amigos
y desde el pensamiento eché una sonrisa
porque sé que los amé.

Licencia Creative CommonsAmigos, siempre los amé por Andrés Lalé se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.