miércoles, 3 de mayo de 2017

Asì es mi ciudad



Veo una sociedad romperse la boca
desgarrando el concreto con los colmillos de la aceptación,
veo una sociedad que Isaac Asimov desestimó
para sus relatos en Yo Robot,
Veo una sociedad
donde el homo economicus tranquiliza sus temblores
con la morfina de mercado fluyendo por sus venas.

Así es mi ciudad
donde el lienzo crudo de sus paredes
es el signo del arte conceptual,
paredes que le dan mantenimiento
a la cultura de la desigualdad social.
Los artistas varones de mi ciudad
en el ornato de sus bibliotecas
cultivan telarañas entre cada uno de sus libros,
ven el monitor y con el culo mojan la silla
mientras se conspira el engaño
a los espermatozoides que anhelan fundirse
con algún óvulo pero éste no existe
en la microscopía del azulejo.

Las artistas mujeres de mi ciudad
También cultivan telarañas en el ornamento de sus bibliotecas
También ven el monitor y también con el culo mojan la silla,
Tanto que sus glándulas de Bartolino piden piedad.
Los artistas de mi ciudad
Deben inmortalizarse bebiendo la ambrosía del arte
y vomitarla sobre el lienzo de la ciudad.
Revivir con colores el líquido gris que fluye por las venas
de los seres a quienes les desgarraron los ojos
cuando conocieron la ideología del derroche.

Por las venas de todos la sangre que fluye
tiene que ser roja como la sangre misma
que derrama el pueblo cuando se pone violento
porque la violencia del pueblo es autodefensa
la violencia del Dominador es un rayo
que estimula las mandíbulas y las disloca tanto
que con una bocanada
pone en peligro a toda la especie humana.

Así es mi ciudad
El “público arte” en los museos
donde se exhibe arte plástico, son los mismos artistas (en servicio pasivo)
el resto de la población no se entera ni se atreve.
Se prohíbe pintar el amor de la vagina y pene
para que los empleados municipales
no se hagan una paja en sus horarios laborales.

El arte plástico de moda que se inculca en los institutos de moda
es el de la estética obesa que en la soledad
devora la pulcritud de los museos
y se deprime cuando se le exige sinergia con un público
aletargado, robotizado y configurado a la conformidad.
No hay arte plástico que provoque algo más que decir: ¡oh qué bonito!
Tampoco se derrumban las fortalezas de los museos
que cuidan del arte a la sociedad.

Los postes, las calles y las paredes sufren la depresión del desamparo
están adscritos a funciones simples como emanar luz
sufrir el peso de la maquinaria humana
y soportar de un lado el frío y del otro lado
las flatulencias del cerdo que duerme.

Cuando a un artista le rompen la cabeza
los otros colegas están viendo en YouTube las tiras cómicas de su infancia
Los anarquistas que lo aparentan por la A que mancha sus chaquetas
el día de las Elecciones votan por la Derecha.
No les digo, mi ciudad es esquizofrénica alucina el bienestar
Bañándose bajo un diluvio de bilis.
Viene cayendo un billete de cien dólares
entre la gravedad y la fuerza del viento
depredadores con guayabera se arremeten con sus hocicos,
al parecer confunden el billete
con el alimento del espíritu y de la mente.

Los sitios donde frecuenta la juventud y se comunica
son congelados por los subzeros municipales
que aunque los debilites con la coima vienen sus refuerzos
con la coraza de su ideología más densa,
lanzan su reactivador fantasma y los municipales se agigantan
y “parten en dos” a los jóvenes con afilados toletes,
Y si ya ante la fuerza de la justa lucha juvenil, no vencen
proceden al segundo paso: REGENERAR SUS ESTADÍAS.

Así es mi ciudad, en un círculo parecido a un ring de Sumo
compiten un Gigante y un escuálido
El Gigante es un Marketing de Guerrilla de Chevrolet
y el escuálido es la Feria Internacional del Libro
En el Marketing de Guerrilla actúan dos mimos y una zanqueras
Los mimos hacen ademanes sexuales y la zanquera en falda corta
desgarra los ojos de los homo sapiens.

La Feria Internacional del Libro se trata de ciertos libros y unos gusanos
que cumplen su ciclo vital los diez días que la organizan.
Como es de suponer el Marketing de Guerrilla aplasta
A la Feria Internacional del Libro con cincuenta personas
que aunque no compren el Chevrolet, estarán para reírse lunaticamente
por los chistes fáciles de los mimos
y para ver que si se le mete el hilo en el culo a la zanquera.
Así es mi ciudad.
En las fiestas bailan Soy un hombre divertido
mientras que desde las lomas que circundan sus urbanizaciones
los tugurios cañaverales se derrumban.
Esas fiestas, esas fiestas, ay esas fiestas…
Las personas sobrias dicen sus mejores mentiras para realzar su ser,
ya en la borrachera conversan:
1ro de política, lustrando sus ídolos políticos y creencias políticas
dejándolos relucientes con argumentos poco inteligentes.
2do. de Emelec y Barcelona haciendo que el uno viole al otro y viceversa
insultando con el término maricón
como si los homosexuales no son lo bastante sofisticados para ser un insulto.
3ro de Dios, que dios, que mi dios, que por dios tengo este reloj
que dios me bendice con mi primer objetivo: Mi Chevrolet del año.
Y no saben que dios existe
para que las cagadas de la clase dominante sean limpiadas por la fe.

¿Por qué un joven o una joven no pueden salir a farrear
si no tienen vestimentas de marca y nueva?
¿Por qué, por tal motivo, se quedan en sus casas castigados por la Carencia?

Difteria de la escena:
- Hijo, hija salgan… vayan, diviértanse,
- Papá eres un fracasado
Necesito una camisa para la fiesta de hoy.
No tienes 100$ dólares de los Estados Unidos de Norteamérica
Para mi camisa
Mi camisa…

Así es mi ciudad
Teníamos un malecón lleno de drogadictos, prostitutas y ladrones
que algún día los parieron y fueron niños que jugaron y se ilusionaron
como todos como el opulento que carece o como el miserable que posee.
Tal como en Hiroshima y Nagasaki a los drogadictos, prostitutas y ladrones
se les tiró una bomba atómica, pero la bomba atómica de la regeneración
quitándoles el grado humanoide porque fornicaban, consumían drogas y robaban.
Faltó construir un malecón de cemento en las residencias
donde violan a la virgen de moda o en los despachos donde se forjan los robos
que desnutren a la sociedad.

Así es mi ciudad.
Así es mi ciudad.
Donde el cholo suda estudiando
y el mestizo blanco pasa rascándose los huevos.
Después del bachillerato ves al cholo buscando empleo en negocios multinivel
y al mestizo blanco con la mujer más guapa en el Chevrolet del año.

Eso en el caso de los hombres guayaquileños.
En el sutil caso de las mujeres guayaquileñas
lo importante es mantenerse bella
para conseguir pasear en esos lujosos Chevrolet del año
que conducen los mestizos blancos y algunos cholos enajenados
que se maquillan con talco rico el rostro.

Afortunadamente también existe lo contrario
El cholo que vence la adversidad del racismo
El mestizo blanco que escucha Víctor Jara
La mujer que es bella por los brincos de su espíritu
y por el halo de su inteligencia.

Así es mi ciudad.
Donde el verdor fue suplantado por el rojo del adoquín y el gris del pavimento
Donde nos cuidamos de la citadina acidez en el amor de un Centro Comercial
Donde se llega al clímax del paisaje fluvial porfiando en la balaustrada
Donde el ser humano, en el automóvil, perdió el derecho de sus piernas.

En las publicidades de Bon Ice la modelo chupa el bolo
como si estuviera chupando una verga.
Los hombres se erectan cuando ven
los poster publicitarios de cerveza.
Se practica el sexo anal sin previo aviso
Se pide sexo oral con los genitales fétidos
Los Ídolos de las adolescentes visten y actúan
como las actrices porno que ensucian la sabiduría del sexo.

Los veinteañeros son fanáticos de las actrices porno
que tienen la vulva bien rasurada
Por ellas se masturban todos los días, por lo que en el sexo
solo les excita los seres escasos vellos
preferiblemente las quinceañeras
Y las mujeres adultas se enloquecen con la Gillette,
Provocan accidentes en su pubis para que los veinteañeros
se sientan satisfechos y las erecciones no se caigan.
Así es mi ciudad.
Los transexuales: La Nicky, La Robin y la más famosa Amanda Lepore
ellas en sus gabinetes se entierran entre sus silicones
el amor de los adolescentes y los adolescentes rompen
entre los mismos silicones la letanía de sus masturbaciones.


Así es mi Ciudad.

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